martes, 28 de febrero de 2012

5. La época de la razón. La Ilustración.

La época de la Razón. La ilustración.
El pensamiento ilustrado.
En la segunda mitad del siglo XVIII, pese a que más del 70% de los europeos eran analfabetos, la intelectualidad y los grupos sociales más relevantes descubrieron el papel que podría desempeñar la razón, íntimamente unida a las leyes sencillas y naturales, en la transformación y mejora de todos los aspectos de la vida humana.
Para entender correctamente el fenómeno de la Ilustración hay que recurrir a sus fuentes de inspiración fundamentales: la filosofía de Descartes y la revolución científica de Newton. Por ello, la élite de esta época sentía enormes deseos de aprender y de enseñar lo aprendido, siendo fundamental la labor desarrollada por Diderot y Dálambert cuando publicaron la Encyclopédie raisonée des Sciences et des Arts entre 1751 y 1765 una obra de creación colectiva en la que está contenido el espíritu ilustrado.
En ella se aboga por una extraordinaria fe en el progreso y en las posibilidades de los hombres y mujeres, para dominar y transformar el mundo. Los ilustrados exaltaron la capacidad de la razón para descubrir las leyes naturales y la tomaron como guía en sus análisis e investigaciones científicas. Defendían la posesión de una serie de derechos naturales inviolables, así como la libertad frente al abuso de poder del absolutismo y la rigidez de la sociedad estamental del Antiguo Régimen. Criticó la intolerancia en materia de religión, las formas religiosas tradicionales y al Dios castigador de la Biblia, y rechazó toda creencia que no estuviera fundamentada en una concepción naturalista de la religión. Estos planteamientos, relacionados íntimamente con las aspiraciones de la burguesía ascendente, penetraron en otras capas sociales potenciando un ánimo crítico hacia el sistema económico, social y político establecido, que culminó en la Revolución francesa.
Sus principales figuras, pensadores polifacéticos y combativos, no dudaron en recurrir a la literatura para difundir su pensamiento.
Corrientes literarias.
Las ideas reformistas que surgen en el siglo XVII y se amplían a lo largo del siguiente se manifiestan de acuerdo con tres tendencias literarias:
  • Rococó. Pretende continuar el estilo, técnicas y temas que fueron característicos del movimiento barroco durante el Siglo XVII. Literariamente no aporta nada nuevo ni de especial calidad.
  • Neoclasicismo. Movimiento que se caracteriza por aplicar las ideas propias de la Ilustración y por buscar un regreso a los valores clásicos griegos y romanos. Los rasgos que definen esta corriente podemos resumirlos en los que siguen:
    • Vuelta al mundo clásico.
    • Sometimiento a las reglas de creación literaria (principalmente a las de Aristóteles).
    • Entienden que el arte y la literatura deben buscar la utilidad.
    • Eliminación de la obra de arte de los sentimientos desbordados.
    • Imitación de la naturaleza.
  • Prerromanticismo. Corriente que anticipa el Romanticismo del Siglo XIX al dar prioridad a los sentimientos por encima de la razón. Esa prioridad que cobran los sentimientos explica la aparición, entre otros, del terror ("el sueño de la razón produce monstruos"). También es característico de esta corriente la ambientación de las obras en una naturaleza estridente, macabra o desbordada: días de tormenta, noches oscuras y tenebrosas, cementerios, ruinas, etc... Esta ambientación será la típica del movimiento romántico.
Sobre las corrientes artísticas citadas debemos hacer algunas matizaciones:
  • En primer lugar, hemos de saber que el Postbarroco ocupa la práctica totalidad de la primera mitad del Siglo XVIII.
  • En segundo lugar hay que tener en cuenta que en los últimos años del siglo coexisten la corriente neoclásica y la prerromántica. Esta coexistencia no es solo en el tiempo, sino que se da incluso en la obra de algunos escritores, como es el caso de José Cadalso que tiene una parte de su obra que coincide con lo que llamaremos Neoclasicismo (las Cartas marruecas, por ejemplo), y otra parte de la misma a la que podemos llamar prerromántica (las Noches lúgubres).

La prosa ilustrada de ideas.

El género literario más importante de la prosa del siglo XVIII es el ensayo, ya que, como hemos visto, los rasgos que predominan en esta época se desarrollan mejor con la exposición teórica de ideas. Sus principales figuras, pensadores polifacéticos y combativos, no dudaron en recurrir a la literatura para difundir su pensamiento.

Montesquieu (1689-1755) obtuvo un gran éxito con su tratado político Del espíritu de las leyes, donde se defiende la separación de poderes en el Estado. En su novela epistolar Cartas persas traza una dura visión crítica de la sociedad francesa, a través de los ojos de unos viajeros persas que visitan este país.
Voltaire (1694-1778) es el prototipo del pensador ilustrado. Entre ellos destacan El ingenuo y, sobre todo, Cándido o el optimismo, su obra maestra, en la que la bondad natural del protagonista choca continuamente con la sociedad humana.
Denis Diderot (1713-1784), además de dirigir la Enciclopedia, escribió obras de teatro y de teoría teatral, así como varias novelas con una prosa muy inteligente: La religiosa, confesiones de una monja sin vocación, Jacques el fatalista, un diálogo entre Jacques y su amo en el que se entrelazan múltiples historias, y El sobrino de Rameau, cuyo protagonista resume las principales ideas del autor.
Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) es el gran disidente de la Ilustración. Sostiene que la cultura y el progreso son los causantes de los males de la humanidad, ya que considera que el hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que le corrompe. Rousseau exalta el sentimiento por encima de la razón, con lo que anticipa la sensibilidad romántica. Sus ideas políticas, expuestas en El contrato social influyeron mucho en la Revolución Francesa.
Su producción más propiamente literaria se centra en La nueva Eloísa, larga novela epistolar sobre el conflicto entre amor y deber, que obtuvo un enorme éxito; Emilio y De la educación, libro a medio camino entre la novela y el tratado educativo, de enorme influencia en la futura pedagogía. Y Confesiones, la primera autobiografía espiritual desde San Agustín.


La novela. La novela inglesa y francesa.
En este siglo también se produce una dignificación de la novela. Aunque Rabelais y Cervantes habían dotado de realismo a este género los autores posteriores no siguieron esta línea. El ascenso de la burguesía y la aparición de un público femenino aseguran su afianzamiento.
La novela epistolar organizada en torno a un conjunto de cartas que los personajes entrecruzan permiten a la novela exponer diferentes perspectivas sobre un mismo tema. Las obras que adoptan forma de carta, bien sea dirigidas a personas reales, bien a personajes ficticios, se convirtió en un género muy abundante durante el siglo XVIII, ya que servía perfectamente para ejercer la crítica de costumbres, comportamientos e ideas. De entre todos los autores de literatura epistolar hay que destacar Las Cartas Persas de Montesquieu y Pamela de Richardson y Las amistades peligrosas, de Choderlos de Laclos (1741-1803), retrato epistolar del libertinaje de la aristocracia.
La novela autobiográfica es la otra modalidad que destaca en el siglo XVIII. Manon Lescaut, de François Prévost (1697-1763) es ya una obra maestra por su análisis psicológico de una pasión amorosa arrebatadora que arrastra a los protagonistas, un aristócrata y una cortesana.
La novela dieciochesca introduce también una serie de subgéneros que tendrán amplio recorrido en la historia de la literatura:
La novela de aventuras desarrollada en Inglaterra con personajes que provienen de la burguesía y que desarrollan su acción en ambientes inspirados en la realidad del momento. Uno de estos libros es Robinson Crusoe, de Daniel Defoe (1660-1731), que narra las aventuras del náufrago en una isla desierta que ejemplifican el esfuerzo racional del hombre por vencer a la naturaleza. El irlandés Jonathan Swift (1667-1745) fue un mordaz espíritu satírico. Su novela Viajes de Gulliver es a la vez una parodia de la literatura de viajes y una dura crítica, desde un punto de vista ilustrado, de la sociedad humana.
La novela sentimental surge en Inglaterra centrada en una temática amorosa y ambientes burgueses, buscando como público receptor a esta clase social ascendente. Samuel Richardson (1689-1761) da el primer paso con Pamela y La Virtud recompensada, novela sentimental epistolar de final feliz, en la que la protagonista asciende por medio de su virtud. Henry Fielding (1707-1754) parodia la novela de Richardson en Joseph Andrews y Tom Jones en las que sigue el modelo cervantino (trama itinerante, protagonista acompañado, constante ironía). Lawrence Sterne (1713-1768) también demuestra con Tristram Shandy dominar el juego literario metanarrativo utilizando una gran libertad constructiva. Jane Austen (1775-1817) es la novelista que culmina la narrativa de la época. Sus novelas describen, con clara elegancia e ironía, conflictos psicológicos finamente analizados en ambientes burgueses de provincia. Sus obras más destacadas son Sentido y sensibilidad, Orgullo y prejuicio y Emma.
El ambiente de relajación hace surgir en Francia la novela libertina o erótica, de difusión clandestina por su mezcla de erotismo, anticlericalismo e ideas subversivas. Su culminación es el marqués de Sade (1740-1814), encarcelado por la inmoralidad de sus obras, como Justine o las desgracias de la virtud, en la que la protagonista narra unas memorias en las que su virtud, al contrario que la historia de Pamela, la hace víctima de las más terrible aberraciones sexuales.

La poesía

La poesía española durante el siglo XVIII se adapta a diferentes tendencias:

  • Poesía ilustrada. Desde 1770 hasta 1790, aproximadamente, la poesía española del XVIII se llena de los grandes temas que preocupan a los ilustrados: la amistad y la solidaridad, la búsqueda de la felicidad y del bien común, la importancia de la educación, el papel de la mujer en la sociedad y la crítica de las costumbres. La finalidad de la poesía entienden que debe ser didáctica. Esto explica la abundancia de fábulas, género muy útil para conseguir el ideal ilustrado de "enseñar entreteniendo". Un ejemplo de ello es André Chénier (1762-1794), con sus poesías bucólicas e idílicas.
  • Poesía prerromántica. En los últimos años del siglo empiezan a aparecer autores y obras en las que se expresa de un modo directo los sentimientos más íntimos sin someterse a las normas preestablecidas. Los caracteres que la definen pueden ser: la soledad, el fracaso amoroso, la muerte, la ambientación tenebrosa (tumbas, ruinas, noches tormentosas y misteriosas), la abundancia de exclamaciones, apóstrofes. En la poesía aparecen elementos anticipadores del Romanticismo. En Inglaterra, Las noches de Edward Young (1684-1765), introducen el elemento nocturno. A la vez, surge cierta moda medievalista que genera un curioso fraude literario: James Macpherson (1736-1796) publica las Poesías de Ossián, supuestas piezas de un antiguo poeta celta, que durante mucho tiempo se tendrán por auténticas.La figura poética más destacada es William Blake (1757-1827). Sus composiciones, entre lo simbólico y visionario, lo religioso y el realismo, son de difícil clasificación pues anticipan el Romanticismo, pero también el simbolismo de finales del XIX. En Alemania Las primeras obras poéticas de Schiller están repletas de vigoroso deseo de libertad; entre ellas sobresale su himno A la alegría, un canto a la esperanza. Hacia 1770 empieza a difundirse un nuevo estilo literario llamado Sturm und Drang («Tempestad y empuje»). De sensibilidad prerromántica, defiende el sentimiento y la libre fantasía frente a la razón y las reglas clásicas. Su principal teórico es Johann G. Herder (1744-1803), quien al identificar lengua y espíritu nacional, estudia la poesía popular y el folclore.


El teatro

Como sucedía con la poesía, durante toda la primera mitad del siglo las formas teatrales que predominan son herederas del Barroco, tanto en temas como en formas.
En la segunda mitad del siglo aparecerá lo que denominamos teatro neoclásico. Los caracteres que lo definen son los que siguen a continuación:
  • Intención didáctica. Para los ilustrados el teatro constituía el mejor medio de propaganda de sus ideas de reforma de la sociedad.
  • Sometimiento a las reglas. Algunas de las reglas que se aplicaron en la época son:
  • El argumento representado debe respetar la verosimilitud.
  • Guardar el decoro: los personajes deben comportarse, hablar y actuar de acuerdo con su sexo y condición social.
  • Respetar las unidades de lugar, tiempo y acción.
  • No mezclar tragedia y comedia.
  • No presentar escenas violentas, sino narrarlas en escena cuando sea el caso.
  • No situar más de tres personajes en escena a la vez, y no dejarla nunca vacía.
  • Eliminar el personaje del gracioso.
  • Utilizar un lenguaje claro.
Como autores destacan Leandro Fernández de Moratín con La Comedia Nueva en la que se critica el papel de los aduladores de los autores de teatro y la importancia del arte o El sí de la niñas en la que se desmonta la tradición de los matrimonios concertados frente a la prevalencia del sentimientos amoroso.

La Ilustración es un periodo decisivo en la conformación del espíritu individual del ser humano, que trasladado al mundo del arte será un avance en la construcción de la mentalidad individual del artista y en la consecución de una mayor libertad en su construcción. Esto se evidenciará en la mayor complejidad de la novela o en la preeminencia del sentimiento, que marcará el avance hacia el movimiento romántico que se desarrollará en la primera mitad del siglo XIX.

martes, 21 de febrero de 2012

4. Del renacimiento al barroco. El teatro en Inglaterra y en Francia.

Características del teatro isabelino.
El teatro isabelino es un concepto literario -aunque básicamente se aplica al teatro- con el que se hace referencia, principalmente, al conjunto de obras dramáticas escritas y representadas en Inglaterra durante el reinado de Isabel I, que se alargó desde 1558 hasta 1603. Muchos estudiosos, no obstante, alargan este segmento temporal a los reinados de Jacobo I (hasta 1625) e incluso de Carlos I (hasta 1642) dada la manifiesta continuidad de temática y estilo que mostró el teatro inglés durante esas etapas, y que se vio finalmente truncada con la llegada de la Guerra civil y la clausura de los teatros en ese mismo año. En Inglaterra, el siglo XVI trajo el conocimiento y el rechazo del teatro humanista, con la intención de complacer no solo a una minoría de hombres cultos, sino a un amplio público popular.
Antes del florecimiento del teatro nacional inglés se advierten dos tendencias predominantes: una de tipo popular, que trataba asuntos religiosos y morales (morality plays, miracle plays) y otra culta, inspiradas en el teatro latino (Plauto y Terencio) y la comedia humanística del renacimiento que se realizaban en los palacios de los nobles.
La consolidación del teatro nacional del siglo XVI se desarrollará mediante una fusión de lo popular y lo culto atendiendo a una temática basada en asuntos históricos, que desarrollan la grandeza nacional y los hechos dramáticos y cómicos extraídos de la vida cotidiana. Entre los autores más destacados están Thomas Kyd, que escribió La tragedia española, una obra especialmente sangrienta que inspiró enormemente a Shakespeare, en particular, en Hamlet y El rey Lear, y Christopher Marlowe, autor de varias obras extraordinarias como El judío de Malta, Eduardo II, Tamerlán el grande y, sobre todo, La trágica historia del doctor Fausto, basado en una leyenda germánica e iniciador de un personaje, Fausto, capaz de vencer sus limitaciones para lograr un objetivo, aunque para ello tenga que debatirse entre las normas religiosas y la afirmación de su individualidad.
En el teatro isabelino no se respetará la preceptiva aristotélica: las tres unidades (acción, tiempo y lugar) serán quebrantadas por la utilización de varias localizaciones y tiempos; no se evitará la aparición de los desagradable, sino que la crueldad y lo sanguinario serán elementos diferenciadores de este teatro, tomando como ejemplo las tragedias de Séneca y se mezclará lo trágico y lo cómico en una misma obra. En cuanto al estilo se siguió una naturalidad llena de ingenio construida a través de la gracia y la hondura en el juego de palabras y se consagró el verso blanco, que imita bastante fielmente el verso latino senequista, liberando al diálogo dramático de la artificiosidad de la rima, mientras se conserva la regularidad de los cinco pies del verso. Esta agilidad del verso confiere a la poesía la espontaneidad de la conversación y la naturalidad del recitado.
A finales del siglo XVI, las compañías de actores comenzaron a establecerse y a profesionalizarse. Durante el reinado de Isabel I de Inglaterra, se construyeron en Londres los primeros teatros públicos y estables. Aconteció un extraordinario florecimiento de autores y compañías que actuaban tanto ante autoridades como para el público corriente en teatros construidos como The Globe o The Blackaffairs. Mientras que el drama renacentista italiano se desarrollaba como una forma de arte elitista, el teatro isabelino resultaba un gran contenedor que fascinaba a todas las clases, haciendo así de "nivelador" social. Acudir al teatro público era una costumbre muy arraigada en la época. Por esto todos los dramas debían satisfacer gustos diversos: los del soldado que deseaba ver guerra y duelos, la mujer que buscaba amor y sentimiento, la del abogado que se interesaba por la filosofía moral y el derecho, y así con todos. Incluso el lenguaje teatral refleja esta exigencia, enriqueciéndose con registros muy variados y adquiriendo gran flexibilidad de expresión.
Era un teatro que funcionaba por compañías privadas y formadas por actores, que pagaban a los autores para interpretar su obra y a otros actores secundarios. Algunos alquilaban el teatro y otros eran propietarios del mismo. Cada compañía tenía un aristócrata, que era una especie de apoderado moral. Sólo la protección acordada por el grupo de actores con príncipes y reyes -si el actor vestía su librea no podía ser de hecho arrestado - pudo salvar a Shakespeare y a muchos de sus compañeros de las condenas de impiedad lanzadas por la municipalidad puritana, ya que aunque el teatro era un espectáculo que congregaba a gran afluencia de público las autoridades religiosas vigilaban la moralidad de estas representaciones que se celebraban a las afueras de la ciudad.
Los edificios que daban cabida a la representación eran construcciones de forma octogonal o circular, hechos de madera, con un patio central a cielo abierto y galerías circundantes. Tenían aproximadamente 25 metros de diámetro exterior y unos diez de altura. El escenario consistía en un tablado dominado por un balcón o galería a la que dio fama varias escenas de Romeo y Julieta. Además, contaba con un proscenio para los monólogos y los exteriores y el fondo era utilizado para los interiores. Una sencilla tela servía de fondo y el cambio de situación se señalaba con un mero elemento indicador, así una rama equivalía a un bosque y un trono a un palacio. La enorme sencillez del decorado dio al texto una importancia primordial. Además, las posibilidades de los dramaturgos se hicieron infinitas, puesto que no dependían de los cambios de los decorados para situar épocas o lugares diversos. La ausencia de los efectos especiales refinaba la capacidad gestual, mímica y verbal de los actores, que sabían crear con maestría lugares y mundos invisibles.

William Shakespeare. 
Lógicamente, el principal autor y máximo representante del teatro isabelino fue William Shakespeare, si bien no fue el primero de la larga ristra de dramaturgos que brillaron en esta época.
William Shakespeare supo sacarle todo el provecho posible a la influencia dramática anterior (Kyd, Marlowe) y, con ella, llevar el teatro de su época hacia nuevas cotas, recuperando al profundidad y grandiosidad de un teatro clásico que se había perdido en la época medieval. Lo hizo, además, de una forma verdaderamente innovadora, pues rompió para siempre con las unidades clásicas del espacio, el tiempo y la acción. Se inspiró en autores latinos y británicos, hizo uso de la violencia y de la magia, sacó todo el provecho a los nuevos escenarios isabelinos y jugó con sus personajes alterando la tradicional preponderancia del protagonistas durante toda la obra. La construcción de los personajes shakesperianos se hace a base de complejos conflictos secundarios que llenan la obra de intensas sub-tramas más allá del argumento principal. Los personajes, a su vez, aumentan exponencialmente su profundidad psicológica y, a menudo, se dirigen directamente al público expresando sus pensamientos en forma de intensos y profundos monólogos.
En su trayectoria pueden distinguirse cuatro etapas. A la primera de ellas (hasta 1598 aproximadamente) pertenecen una serie de piezas juveniles en las que Shakespeare se ciñó a las modas vigentes, adaptando los temas al gusto del público. En este período practicó diversos géneros, desde la comedia de enredo (La comedia de los errores) hasta la tragedia clásica de influencia senequista (Tito Andrónico), pasando por el drama histórico (El rey Juan, Ricardo III, Enrique IV) en el que se trata la caída y ascensión de personajes relacionados con la corona con el fin de mostrar acontecimientos que arrojen luz sobre los hechos. Otras obras de este momento inicial, como El mercader de Venecia, La fierecilla domada, Romeo y Julieta o El sueño de una noche de verano, marcan el inicio de una fase de mayor creatividad.
En la segunda etapa shakesperiana, que va de 1598 a 1604, se sitúan las piezas que suelen denominarse "obras medias", caracterizadas por un mayor virtuosismo escénico. Entre las comedias sobresalen Las alegres comadres de Windsor y Bien está lo que bien acaba, mientras que los dramas Julio César, Hamlet y Otelo anuncian ya el período siguiente, conocido como el de las grandes tragedias (1604-1608), en las que Shakespeare bucea en los sentimientos más profundos del ser humano: la subversión de los afectos en El rey Lear, la violenta e insensata ambición en Macbeth y la pasión desenfrenada en Antonio y Cleopatra. La fase final (1608-1611) brilla por su última obra maestra, La tempestad, en la que fantasía y realidad se entremezclan ofreciendo un testimonio de sabiduría y aceptación de la muerte.
Las grandes tragedias Macbeth, Otelo, Hamlet y El rey Lear constituyen espejos del mapa entero de la sensibilidad moderna, ya que se edifican en un mundo, el renacentista, en que la presencia divina empieza a menguar. Por primera vez, la duda frente a la identidad, la vejez, la traición, la ambición e incluso la percepción del mal se muestran en su radicalidad humana. Pero eso no explica su calidad única; sucede que esos caracteres y esos conflictos surgen de una capacidad ilimitada para moldear la palabra en todos los planos. No hay fronteras en Shakespeare: bufones y reyes comparten el mismo rango de problemático diseño, de contradictoria y rica existencia social, verbal y moral. Por eso serán Falstaff, el gordo bufón y soldado presente en varias obras, junto con el viejo rey Lear, dos de los puntos extremos del arco de sus caracteres. En términos generales, lo sublime de las obras de Shakespeare es el retrato de unos personajes a los que se llega a definir con precisión matemática, de forma que esa misma ambigüedad colma su carácter de una extraordinaria riqueza de matices. Por medio de la fuerza del lenguaje, los tipos shakesperianos manifiestan las profundidades de su espíritu y se declaran individuos libres, capaces de elegir su propio destino. En este sentido, su obra es tan moderna y está tan abierta a distintas interpretaciones como El Quijote de Cervantes.
La obra teatral de Shakespeare, tiene gran influencia posterior. Hasta el siglo XVIII, Shakespeare fue considerado únicamente como un genio difícil. A pesar de la controvertida identidad de Shakespeare (hay teorías que afirman que sus obras fueron escritas por otro autor), sus obras fueron admiradas ya en su tiempo por Ben Jonson y otros autores, que vieron en él una brillantez destinada a perdurar en el tiempo. Del siglo XIX en adelante, sus obras han recibido el reconocimiento que merecen en el mundo entero. Casi todas sus obras continúan hoy representándose y son fuente de inspiración para numerosos experimentos teatrales, pues comunican un profundo conocimiento de la naturaleza humana, ejemplificado en la perfecta caracterización de sus variadísimos personajes. Su habilidad en el uso del lenguaje poético y de los recursos dramáticos, capaz de crear una unidad estética a partir de una multiplicidad de expresiones y acciones, no tiene par dentro de la literatura universal.
El carácter del teatro cambió con los reyes Estuardo. Con el desarrollo de teatros privados, el drama se orientó más hacia los gustos y valores de la audiencia de clase social superior. En esta época destaca el auge de las mascaradas costosas representaciones en las que destacaba el uso de la música y la danza, del canto y de la interpretación, dentro de elaborada escenografía, en los que el marco arquitectónico y el vestuario podían estar diseñados por un arquitecto renombrado, para representar una alegoría diferente que halagara al patrón. El creciente movimiento puritano era hostil a los teatros, a los que consideraban pecaminosos por varias razones así que finalmente, la defensa en escena de opiniones políticas contrarias a los puritanos hizo que las autoridades clausuraran todos los teatros en 1642, aunque la actividad teatral continuó años después.



El teatro francés en los siglos XVI y XVII

Antecedentes y características.
El teatro francés alcanzó el cenit de modo coincidente con el esplendor político y militar del país, periodo que empezó tras la Paz de los Pirineos, y que abarca los dos últimos tercios del siglo XVII, época que se llamó Le Grand Siecle. A diferencia de Inglaterra y España el desarrollo del teatro nacional fue tardío y menos popular
En este tiempo Francia se distinguió en el panorama europeo por haber sido la nación donde el teatro que arriba describimos como humanista (recreación de la obras clásicas de Plauto, Terencio y séneca) produjo los mejores frutos y porque París fue el encuentro entre dos tradiciones tan importantes como la italiana Commedia dell´arte y la francesa. Ya en el siglo XVI aparecieron poéticas que marcarán los cimientos de la doctrina clasicista, como la Poetique de Scaliger o el Art de la Tragedie de De la Taille en los que marcaba la línea a seguir en la tragedia (tres unidades (lugar, tiempo, acción), separación tragecia comedia, verosimilitud, etc) en los que se proponen reataurar el teatro clásico de la antigüedad.
Las poéticas francesas adelantan lo que en España florecerá en la segunda mitad del siglo XVIII con la Ilustración. En primer lugar el sometimiento a la razón, entendida esta como pensamiento universal, es decir, aquello en que están de acuerdo todos los hombres y resulta, por tanto, sensato y verosímil; lo racional en este caso se opondría en este sentido al capricho al sentimiento personal o lo fantástico, y equivaldría a lo simplemente humano, prescindiendo de excepciones y gustos particulares. También el estilo evitará toda artificiosidad, exageración o exceso, tan comunes en el teatro inglés y español y se limitará a seguir la máxima naturalidad y sencillez de acuerdo con el objeto de estudiar el carácter del hombre, dándole a su obra un valor moral.
La evolución del teatro francés difiere en parte de la evolución inglesa y española, ya que el teatro de tradición medieval francés se había en tiempos de la Reforma en un evento polémico, por lo que Francisco I prohibió las representaciones sacras. Al margen de un teatro popular representado por saltimbanquis y malabaristas en las plazas de los pueblos, la dramaturgia no se desarrolló conforme a los gustos del pueblo, como es el caso de España e Inglaterra, sino que adquirió existencia al lado de la corte. El monarca y sus cortesanos impusieron las tendencias y la elección de acuerdo con sus aficiones y preferencias. Tal circunstancia favoreció el refinamiento del teatro cómico, que se vio obligado a pulir los atrevimientos tomados de la Commedia dell´arte, y el favor y la protección reales, entre los que destacan Luis XIV y el cardenal Richelieu, le permitieron criticar la moralidad de la Iglesia.

La tragedia francesa. Corneille y Racine.
En cuanto a la tragedia, Corneille y Racine, encontraron un enorme apoyo teórico en el mismo Aristóteles, ya que desde la antigüedad estos preceptos quedaron claramente definidos. A las reglas mencionadas añaden el tono elevado en el tratamiento de los asuntos y los personajes de procedencia noble tomados de la Biblia y la historia antigua o medieval.
Pierre Corneille (1606-1684) fue el verdadero creador la tragedia clásica francesa, con una serie de obras que exaltan dos ideas fundamentales: el principio de autoridad y orden, reflejo de la monarquía de Luis XIV y la preeminencia de la voluntad y la razón humanas contra las debilidades de los sentimientos. Estas intenciones le llevan a sustituir el movimiento externo de la acción por los conflictos racionalizados que se producen dentro de los personajes.
Su primera gran obra es El Cid, inspirada en Las mocedades del Cid, del español Guillén de Castro. El Cid fue criticada por la Academia Francesa, ya que no respeta las rígidas reglas que imponía el teatro clasicista: mantener la unidad de tiempo, de espacio y de acción. Tras esta crítica, sus sucesivas tragedias se atendrán al estilo clasicista: Horacio y Cinna son de ambientación romana y tema político; Polieucto es de tema religioso.
Jean Racine (1639-1699) perfecciona el oficio iniciado por Corneille extremando la pureza de las reglas preceptivas. Sin embargo, se aleja del anterior en un punto básico, el de la pureza de la tragedia, ya que desecha todo lo desagradable de la escena y se decanta por la preeminencia de la razón. Esta concepción purista de la tragedia, que aplicó en obras como Ester o Fedra, incide en un contrasentido, puesto que este género, según los modelos de Séneca y Sófocles tiene como base el poder de las pasiones sobre el alma humana, lo que crea una catarsis o purificación sobre el público

La comedia francesa. Moliere.
Moliere (1622-1673), que contó desde sus comienzos por la protección y el favor real, desarrolló una nueva vertiente de la comedia francesa en la que con una intención satírica condensó los rasgos más característicos de la sociedad de su tiempo mostrando su mezquindad y ridiculez.
En la mayoría de las comedias que escribió recrea vicios y defectos encarnados en personajes que han pasado a ser prototipos universales. Conocedor y admirador de la comedia latina de Plauto, dio vida a una serie de personajes y de debilidades humanas a los que pone en ridículo en sus obras: el avaro amante del dinero en El avaro, el nuevo rico en El burgués gentilhombre, la mujer pedante y pretenciosa en Las preciosas ridículas, el médico de lenguaje oscuro en El médico a palos y en El enfermo imaginario, o la religiosidad hipócrita en Tartufo, que fue prohibida por el arzobispo de París por impía, y La escuela de las mujeres, una apología de la tolerancia y la libertad de educación, fue acusada de licenciosa e inmoral.
De entre ella una de las más conocidas es El avaro, una comedia escrita en prosa, inspirada en La olla de Plauto, que gira en torno a un mezquino burgués viudo, enriquecido con la usura y obsesionado con la posibilidad de ver menguada su fortuna. El tema que aquí se satiriza –la avaricia– no es propio o exclusivo de la época y la sociedad del autor, sino un defecto intemporal que, por ese motivo, consigue mantener plenamente su vigencia en cualquier momento histórico. Es importante también la crítica a los matrimonios de conveniencia y al abuso de la autoridad paterna. El protagonista está aquejado de algún vicio o defecto que hace de él un personaje ridículo; el hijo y la hija (o solo uno de ellos) tienen sus respectivos amores y desean casarse, pero el padre les prepara un matrimonio descabellado y contrario a la voluntad de los jóvenes; finalmente, la intervención de otros personajes y la propia voluntad férrea de los muchachos consiguen desbaratar los planes del necio protagonista.
Normalmente, este esquema habitual sufre transformaciones en cada comedia, de manera que cada una resulta original, puesto que dichas transformaciones se llevan a cabo en función del defecto que aqueja al protagonista. Molière consigue la creación de personajes representativos de un carácter. Como la pasión que lo domina se lleva al extremo, ese personaje adquiere el rango de prototipo universal. El rasgo más característico en el estilo de Molière es la impresión de naturalidad en el lenguaje que emplean los personajes. Se trata de un lenguaje lleno de expresividad y viveza, con un acusado tono conversacional. Significativa es también la observación del decoro poético, según el cual cada personaje se expresa según su condición y nivel.
La comedia francesa jamás pudo separarse de sus innovaciones originales de Molière. Los dramaturgos del siglo XVIII Pierre Marivaux y Pierre Beaumarchais estuvieron siempre en deuda con Molière; Marivaux en el uso de un lenguaje sofisticado y Beaumarchais con sus mordaces sátiras, como lo fueron muchos de los escritores del siglo XIX.  Los críticos de la época aun detectan la línea trazada por Molière en la comedia actual, en especial en los autores del teatro del absurdo de los años 50 y en otros movimientos experimentales del teatro contemporáneo.

El mito de Don Juan
Además de los avances técnicos que este dramaturgo proporcionó, destaca la elaboración de algunos mitos de la literatura universal, como es el Don Juan. La leyenda surgió en Europa durante la edad media. En el primer tratamiento literario formal de la historia, El burlador de Sevilla y convidado de piedra (1627) de Tirso de Molina, el promiscuo Don Juan seduce a la hija de don Gonzalo, jefe militar de Sevilla. Después de matar al militar, acude a su sepulcro e invita cínicamente a la estatua funeraria de su víctima a una cena. La estatua recobra vida, asiste al banquete y le devuelve la invitación. De nuevo ante el sepulcro, la estatua atrapa a Don Juan y le arroja al infierno. Hacia el año 1657, la leyenda de Don Juan fue escenificada en Francia por unos actores ambulantes italianos, quienes la representaron en forma de pantomima. Poco después sería dramatizada por Molière, quien estrenó Don Juan o el convidado de piedra en 1665, que toma el personaje de Tirso de Molina y lo convierte en un rebelde frío, analítico y filosófico que se complace de transgredir todas las normas éticas.

La obra es una reflexión sobre el libertinaje y sus excesos en el que el cinismo y la hipocresía del personaje se castigan con la muerte. Ataca fundamentalmente todas las formas de hipocresía, tanto la del devoto Tartufo, como la del libertino y blasfemo Don Juan, capaz de todo para satisfacer sus apetitos. El único defensor de la religión parece ser Sganarelle, el gracioso que acompaña al personaje principal, para quien la religión se parece mucho a la superstición y cuyo papel constituye un punto de humanidad y comicidad a la obra.
Durante el siglo XVIII Goldoni retomó el tema en su Juan Tenorio o el libertino castigado (1734) y el compositor austriaco Mozart compuso con este libreto una de las mejores óperas de todos los tiempos, Don Giovanni (1787).
En el siglo XIX cambió el tratamiento del personaje. Hasta ese momento Don Juan había sido siempre castigado en el infierno por sus pecados, pero a los escritores románticos, como Alexandre Dumas, José Zorrilla o Lord Byron, les fascinó esta figura, atraídos por personajes rebeldes y amantes de la libertad. Byron compuso entre 1819 y 1824 el poema Don Juan en un tono brusco y desenfadado; el escritor francés Prosper Mérimée lo presentó con dos personalidades enfrentadas en Las ánimas del purgatorio (1834), pero es el romántico español José Zorrilla quien realizó la versión más moderna de la leyenda con su obra Don Juan Tenorio (1844), al transformar al personaje fanfarrón e incrédulo en un héroe jactancioso pero de buenos sentimientos que acaba en brazos de su amada (aunque en la otra vida).

Actualidad del teatro de Shakespeare

Por si os toco el tema del teatro isabelino podéis atestiguar la actualidad de Shakespeare nombrando este festival:
http://entretenimiento.terra.com.mx/dos-companias-latinoamericanas-y-una-espanola-interpretaran-a-shakespeare,96ccd20140e55310VgnVCM3000009af154d0RCRD.html
http://www.soloactores.com/noticias/teatro/21454-rakata-en-el-shakespeare-globe-theatre-de-londres
Aquí os cuelgo unis vídeos sobre representaciones actuales de obras shakespeare a ver qué os parecen:
http://www.youtube.com/watch?v=bNkWf1Kbxng&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=g2rBZTMXGic&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=8YwOnGr4w4E
http://www.youtube.com/watch?v=4651gGaXTpE&feature=related

Un artículo interesante sobre la obra Hamlet

Si tenéis tiempo y queréis ir elaborando el escrito sobre uno de los temas de Hamlet podéis leer este artículo:
http://www.lamaquinadeltiempo.com/shakespeare/bloom02.htm

lunes, 20 de febrero de 2012

3. La prosa medieval. El cuento.

Durante la Edad Media aparecieron en las diversas lenguas europeas abundantes colecciones de relatos breves. La mayoría de estos cuentos proceden de la tradición grecolatina o india, transmitida esta última por los árabes. Los de transmisión árabe se difundieron en Europa gracias a traducciones o recopilaciones realizadas en la península Ibérica, como la Disciplina clerical, obra en latín del judío Pedro Alfonso (s. XII), o Calila y Dimna, traducido por orden del rey Alfonso X.
Estos relatos o cuentos también aparecían, a menudo, insertados en otras obras de mayor extensión. La mayoría de los cuentos tenía, especialmente en su origen, una función claramente didáctica y moralizante: transmitían una enseñanza práctica, indicaban cómo actuar en determinada situación, o cuál era el comportamiento correcto en un momento concreto. El cuento medieval no pretende contener, pues, gran valor literario por sí mismo, sino narrar de forma lisa y sencilla una anécdota, a veces muy simple, de la que resulta fácil sacar una enseñanza o conclusión, frecuentemente explícita al final del cuento, en forma de moraleja. Los relatos breves con intención didáctica se denominan ejemplos, apólogos o fábulas, si los protagonizan animales. Estos se acomodaban perfectamente al gusto medieval, por lo que solían ser incluidos en los sermones de los sacerdotes.
Durante el siglo XIV aparece una emergente burguesía en las ciudades medievales, que adquieren cada vez más importancia gracias al progresivo crecimiento de la población urbana. Este nuevo espíritu burgués aparece en dos autores de libros de cuentos: Boccaccio y Chaucer.
En Italia Giovanni Boccaccio (1313-1375) escribe una colección de cuentos titulada El Decamerón, primera obra maestra de la narrativa italiana, que tendrá una influencia decisiva en los próximos siglos. Es una colección de cien cuentos, reflejo de la Italia del siglo XIV. La estructura de la obra es sencilla: a causa de la peste bubónica que arrasó Europa en 1348, siete muchachas y tres jóvenes huyen de Florencia y se refugian durante diez días (de ahí el título del libro: Decameron significa en griego 'diez días') en una finca de los alrededores y, para evitar el aburrimiento, se comprometen a contar una historia diaria.
Los cuentos que incorporan la colección tienen muy diversas procedencias. Los temas son también variados: algunos narran historias que tienen lugar en espacios lejanos y exóticos, otros -la mayoría- son de ambientación realista en la sociedad de la época. El tono también es muy diverso: hay cuentos cómicos, trágicos, líricos o eróticos. Los de mayor valor e interés son los de ambientación realista y enfoque humorístico: en ellos Boccaccio expone con gracia los vicios, debilidades y mezquindades de los hombres y mujeres de su época. A diferencia de anteriores tradiciones cuentísticas, Boccaccio no tiene ninguna intención moralizante.
Boccaccio contribuyó también al establecimiento de otros géneros literarios con obras como Ninfale d'Ameto y Ninfale fiesolano, que sirvieron de punto de partida a la literatura pastoril del Renacimiento; del mismo modo, en Fiammetta está el origen de la posterior novela sentimental. También escribió El Corbacho, una sátira contra las mujeres.
En Inglaterra Geoffrey Chaucer (1340-1400) escribe otra recopilación de relatos en verso titulada Cuentos de Canterbury. En esta obra se aprecia una clara influencia de Boccaccio, ya que, como en El Decamerón, hay un hilo argumental que enlaza los cuentos: un grupo de personajes representativos de la Inglaterra de la época -un caballero, un estudiante, una monja, un campesino rico, un fraile, un mercader, etc.- peregrinan juntos desde Londres al santuario de Santo Tomás de Canterbury, y para amenizar el viaje relatan historias.
La procedencia de los cuentos es, como en El Decamerón, diversa; entre los cuentos hay ejemplos de casi todas las tradiciones cuentísticas medievales. La importancia del Decamerón estriba en gran parte en su muy cuidada y elegante prosa, que estableció un modelo a imitar para los futuros escritores del Renacimiento.
La obra, que quedó inacabada, intercala la narración de los cuentos en sí con descripciones de los peregrinos, así como con las conversaciones y disputas que mantienen estos. Está escrita en un estilo ameno y brillante, lo que contribuyó enormemente al afianzamiento del inglés como lengua literaria.
El género del relato o novela corta del italiano novella, que pasó al español como «novela” tardó en cuajar en la literatura castellana. Son obras claramente deudoras del Decamerón las Novelas ejemplares(1613), de Cervantes, o las Novelas a Marcia Leonarda (1621–1624), de Lope de Vega, así como los argumentos de las comedias de Shakespeare, como por ejemplo el de El mercader de Venecia.

2. La lírica trovadoresca

A comienzos del siglo XII aparece en el sur de Francia la primera escuela de lírica culta en una lengua románica, el provenzal. Su enorme influjo provoca imitaciones en otras lenguas europeas, sobre todo en francés, catalán, gallego-portugués (cantigas) o alemán (minnesang).
Estas nuevas composiciones presentan varias novedades importantes. Ya no son anónimas, sino obra de autores conocidos, llamados trovadores (en la Edad Media, el término poeta se aplicaba a los autores que escribían en latín). Los trovadores componen los poemas y los difunden acompañados de música, normalmente compuesta por ellos. Son una especie de juglares, pero cultos (aunque no clérigos) y mucho más respetados. Habrá entre ellos desde nobles hasta plebeyos.
El público de los trovadores era, fundamentalmente, una aristocracia cada vez menos guerrera y más refinada. A esta aristocracia dejó de interesarle los cantares de gesta, con sus héroes demasiado ingenuos y brutales, y empieza a inclinarse por la temática amorosa. Surge una nueva concepción del amor desarrollada por los trovadores y resumida en el tratado Sobre el amor, de Andreas Capellanus (s. XII), el amor cortés. Se trata de una adaptación del feudalismo a la relación amorosa. El señor es la dama, noble y casada, a la que el poeta, obediente vasallo enteramente a su servicio, ama apasionadamente en secreto. Así, el enamorado se presenta como un siervo de la dama, a la cual se denomina a menudo «señor». Se trata de una dama virtuosa que, a su vez, genera virtud en el hombre que la ama. La poesía del amor cortés presenta una serie de tópicos que se repiten en abundantes composiciones. El amor es frustrado y a menudo no correspondido; con frecuencia es también imposible y secreto. A pesar de ello, el amante siempre insiste en solicitarle a la dama un galardón o muestra de su amor. El poeta sufre por el rechazo de la mujer, pero, aun así, siente placer por el mismo hecho de amar. Es un sentimiento contradictorio, un padecimiento consentido, al cual el enamorado no puede ni quiere renunciar.
Los trovadores, haciéndose eco de los distintas doctrinas poéticas van a dividirse en dos grupos diferenciados por su concepción de la poesía:
  • El trobar leu se define como una composición poética que se expresa con un lenguaje claro y accesible, sin renunciar a la retórica y a la música, pero anteponiendo un fácil entendimiento de la palabra.
  • El trobar clus, más elitista, se expresa en un lenguaje oscuro, con unas fórmulas difíciles y de polivalencia ambigua. Hay dos vertiente en el trobar clus: el trobar rich, que rechaza para la poesía la palabra usual y se decanta por el hermetismo a través de las metonimias, metáforas, sinécdoques, así como rimas raras y de difícil consonancia y una segunda vertiente, que podemos llamar conceptista, que utiliza expresiones deliberadamente ambiguas para expresar conceptos enigmáticos.


Según el tema, en la lírica trovadoresca se distinguían los siguientes subgéneros:
  • Cansó: poesía amorosa de refinada expresión literaria.
  • Sirventés: poema satírico, de ataque personal o crítica moral.
  • Pastorela: encuentro de un caballero con una bella pastora.
  • Planh: lamento sobre la muerte de una persona u otra desgracia.
  • Tensó: debate entre dos poetas sobre diversos temas.
  • Alba: separación de los amantes al amanecer tras pasar la noche juntos.
Algunos trovadores famosos son:
Guilhem de Peitieu (1071-1126), poderoso noble, fue el primer trovador y el primer poeta románico de nombre conocido.
Bernart de Ventadorn (s. XII), muy popular en su tiempo, es quizá el mayor poeta amoroso; se conservan de su obra alrededor de cincuenta piezas.
Arnaut Daniel (s. XII) se hizo célebre por su estilo difícil; su poesía es muy compleja y estaba destinada a un público muy culto.
Guillem de Berguedà (¿1138-1196?) fue el mejor trovador catalán.
Peire Vidal (¿1183-1204?), destacó por su ingenio y su fama de conquistador.
Bertran de Born (s. XII) compuso poemas de tema político, donde ataca con fuerza a algunos reyes y nobles.
Giraut de Bornelh (s. XII) tuvo tanto éxito que fue considerado el mejor trovador. Fue un poeta muy hábil y refinado.


Durante el siglo XIII surge en Italia el llamado “Dolce stil nuovo”, que como la lírica de los trovadores antes, y la renacentista después, tiene como eje una concepción idealista del amor.
Con respecto a los trovadores, su rasgo distintivo puede considerarse, precisamente, una agudización, una intensificación de esa idealización. Si entre los trovadores la dama era mi dons (mi dueño) como en un eco de las relaciones de vasallaje feudales, en el dolce stil nuovo, será la dona angelicata, la mujer angelical, ser extraordinario (angelical) al que se ve como intermediario entre el hombre y Dios. La purificación del espíritu llevada a cabo por el amor, piensan estos poetas, pone el alma del amante en condiciones de llegar hasta Dios.
El dolce stil nuovo es una derivación o evolución de la poesía de los trovadores. En Italia esta evolución de la tradición trovadoresca, da lugar en el siglo XIII al dolce stil nuovo, que podemos considerar una renovación o una puesta al día por parte de los poetas italianos de esa tradición recibida de los trovadores.
El dolce stil nuovo fue un estilo poético definido originalmente por el poeta Guinizelli(1230-1276) y por Cavalcanti(1259-1300). El primero establecía un concepto nuevo de la nobleza: sólo es noble quien tiene un corazón gentil (la nobleza no proviene de la sangre (los trovadores sólo admitían esa nobleza). la mujer hace posibles en el poeta las virtudes necesarias para su salvación en Dios, es una especie de mediadora ante la divinidad, como lo eran los ángeles, de ahí el apelativo de dona angelicata que sustituye a la concepción feudal de la dama en los trovadores.
Dante en su Vita Nuova y en La Divina Comedia también presenta a una mujer adornada de belleza y virtudes casi divinas, pero incorpora una novedad: la amada tiene nombre y biografía propia. El poeta sitúa a Beatrice, tras su muerte real, en el Paraíso como el mismo dios. La amada se ha reintegrado al que es su lugar natural, pues su vida terrenal estuvo dominada por la humildad y la bondad.
Dante crea un modelo de personificación de la amada en un ser real que seguirá Petrarca en su Cancionero, en el que Laura es el eje de su poesía amorosa y el desencadenante del sufrimiento por su indiferencia mientras vivía y después de la muerte, que se la arrebata. La dama sigue siendo exageradamente hermosa, pero la suya es una belleza humana, no angelical. La relación amorosa sigue siendo un camino de perfección espiritual, pero la mujer no es un ser divino, sino un humano inalcanzable.
El dolce stil nuovo, se apoya en una concepción filosófico-teológica, propia de la ideología medieval, que sostenía que los seres angélicos no podían ejercer directamente su influencia benéfica sobre los hombres pues estos eran unos entes materiales que carecían de la sensibilidad necesaria para recibir tales influjos. De ahí la necesidad de la mujer, mitad humana y mitad angélica y capaz por tanto de recibir esos influjos y transmitírselos al hombre.
Como el amor cortés, y luego el neoplatónico en el Renacimiento, se trata de un amor ante todo espiritual, donde lo físico queda en un segundo plano o es rechazado como menos perfecto.
Estos dos momentos de la tradición de la lírica culta europea en romance, tienen su peso en el camino que, junto con la recuperación de los clásicos greco-latinos desemboca en la lírica culta renacentista.

1. Los orígenes de la literatura

En torno al 3500 a.C. Nacen las primeras civilizaciones conocidas que se asentaron en la orilla de grandes ríos debido a la fertilidad de sus tierras: Mesopotamia, Egipto, India y China. Esta circunstancia propició un desarrollo económico que se materializó en el surgimiento de las primeras urbes con unas sociedades muy jerarquizadas, a las que se atribuyen los primeros documentos escritos de la historia.
En el Mediterráneo oriental surge la religión monoteísta más antigua, el judaísmo, que desde el siglo 1000 a.C. que sentará las bases para el surgimientos del cristianismo y el islamismo.


Literatura de la India
La primera fase de la literatura en sánscrito, el periodo védico, toma su nombre de la palabra veda, «ciencia». Básicamente, consiste en una amplia serie de textos religiosos (rezos y fórmulas rituales, himnos, tratados filosóficos, aforismos, etc.). Los más antiguos, agrupados en la recopilación denominada Rig-Veda, se remontan al siglo XV a.C.
El periodo clásico comienza hacia el s. IV a.C. y en él aparecen obras de contenido profano que se adscriben a la epopeya (canto épico) y al cuento.
  • La epopeya tradicional nos ha legado dos grandes obras, el Mahabharata y el Ramayana, ambas recogidas por escrito en el s. II. El Ramayana, atribuido en sus orígenes a un tal Valmiki, narra los esfuerzos del rey Rama por rescatar a su esposa, raptada por el rey de los demonios. De gran cuidado formal, incluye leyendas y nociones de filosofía. Siguiendo el modelo del Ramayana, a partir del s. VII surgió una épica artística y culta de tema histórico y legendario. El poema épico Mahabharata es la obra más extensa de la literatura universal. Consta de más de doscientos mil versos repartidos en dieciocho cantos.
    Alrededor de una trama central legendaria sobre las luchas entre los descendientes de dos hermanos, se van intercalando descripciones, largos discursos, historias secundarias (como la de Nala y Damayanti, que narra la historia de amor entre dos hermosos príncipes), y hasta un tratado filosófico y espiritual, el Bhagavadgita.
  • De las abundantes recopilaciones de cuentos y fábulas indias, la más antigua y famosa es el Panchatantra (s. IV-V). Se trata de una colección de setenta fábulas que sirven como elemento adoctrinador de un príncipe al que se le debe enseñar cómo obtener éxito en la tierra.

Literatura en Mesopotamia

En Mesopotamia (territorio que coincide con lo que hoy es Irak), florecieron diversas culturas desde el IV milenio a.C.: sumerios, acadios, babilonios, asirios, hititas... Estas culturas desarrollaron las primeras formas de escritura conocidas (la escritura cuneiforme), y legaron, a través de tablillas de arcilla, una literatura compuesta fundamentalmente por textos e himnos religiosos y por poemas épicos sobre los orígenes míticos del mundo, como el Poema de Gilgamesh que trata sobre las aventuras del rey Gilgamesh, también conocido como Istubar, y su amigo Endiku. Una de las tablillas relata un episodio sobre el diluvio y que influiría directamente en el mito aparecido en la Biblia. Las aventuras para matar al gigante Humbaba, el descenso a los infiernos y la relación entre dioses, semidioses (como el propio Gilgamesh) y mortales le dan un claro origen prehelenístico. El núcleo sentimental se encuentra en el duelo tras la muerte de Enkidu, que es castigado por los dioses. Los críticos consideran que es la primera obra literaria que hace énfasis en la mortalidad e inmortalidad y lo limitado de la naturaleza del ser.
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Literatura egipcia.
Los más arcaicos testimonios en la literatura del antiguo Egipto (III milenio a.C.) son composiciones litúrgicas, literatura sapiencial (Instrucción de Ptahhotep), cantos de trabajo y textos de agudo pesimismo, como el Diálogo de un hombre cansado de la vida con su espíritu. Más adelante (II milenio a.C.) florece la narrativa, en la que destacan las Aventuras de Sinuhé o el Cuento de un náufrago. La obra más conocida del Antiguo Egipto es el Libro de los muertos, una amplia colección de textos de distintas épocas que contienen fórmulas mágicas, himnos y oraciones utilizadas para guiar y proteger el alma durante el viaje a la región de los muertos.


Literatura hebrea.
La literatura hebrea antigua se concentra principalmente en los diversos libros bíblicos, algunos de los cuales, como el Cantar de los Cantares o el Libro de Job, poseen un notable tono literario. También en el Talmud, el otro libro sagrado del hebraísmo, abundan las partes narrativas. La literatura hebrea medieval más importante se cultiva en España, con grandes figuras como el poeta Selomó ibn Gabirol (s. XI) o el filósofo Maimónides (s. XII).
La Biblia reúne una colección de escritos vinculados a las religiones judía y cristiana. Consta de Antiguo Testamento, escrito en hebreo, desde el siglo XIII al I a.C., y Nuevo Testamento, escrito en griego en el siglo I d.C.

El Antiguo Testamento recoge la historia, creencias y tradiciones judías antes de la venida de Jesucristo. Contiene cuatro tipos de libros: históricos, poéticos, proféticos y sapienciales. Los más importantes libros históricos son los cinco atribuidos a Moisés; en otros aparecen historias individuales como Ruth, Esther o Judit. Algunos de los libros poéticos más importantes son el de Job, los Salmos, compuestos en su mayoría por el rey David, y el Cantar de los Cantares. Entre los libros proféticos destaca el de Isaías. Los libros sapienciales son enseñanzas morales en forma de máximas, algunos atribuidos a Salomón.

El Nuevo Testamento, la parte de la Biblia cristiana dedicada a la vida de Jesús de Nazaret, consta de veintisiete escritos. Algunos tienen forma de historia (los cuatro Evangelios y los Hechos de los apóstoles), otros son cartas y uno es una revelación (el Apocalipsis).


Literatura china
La literatura china nace con posterioridad a la hindú y en ella se advierten dos tendencias, una literatura popular de estilo sencillo y escrita de forma anónima, que se ha conservado hasta nuestros días y otra de carácter culto en la que tiene especial importancia el periodo clásico (S. VI a.C.-II a.C).
La obra poética más importante de este periodo es el Libro de las odas, una antología de 305 poemas, que según cuenta la leyenda fueron escritos por Confucio, y en los que se trata el tema de la vida cotidiana de los campesinos y la vida y costumbres de la nobleza feudal china.
Dentro de la obra en prosa destacan los Cinco Clásicos, que forma junto con la obra citada anteriormente el núcleo central de la literatura del periodo: el Libro de las mutaciones, que es un manual de adivinación, el Libro de los documentos, colección de documentos históricos antiguos, la Memoria de los ritos, trata de las ceremonias de conducta públicas y privadas y los Anales de la primavera, crónica de eventos históricos acaecidos en la China feudal desde el siglo VIII a.C. hasta la muerte de Confucio. Estos libros recogen la base de la ideología de este pensador, que se basa en en la mejora de las cualidades humanas a través de la fidelidad a uno mismo y a los demás.

Antigüedad clásica

Las leyendas y los mitos constituyen la principal fuente de la primera literatura griega, y mediante ellos, el ser humano accederá al conocimiento del mundo y de sí mismo. Así, esta primera significación espiritual fue desapareciendo para ser sustituida por una dimensión simbólica que podía aplicarse a la experiencia humana y que explicaba la función del hombre en el mundo.
Tras la consolidación de la literatura griega, Roma se apropiará de de la enciclopedia mítica helena y la adaptará a su propio contexto y necesidades. A través de Roma, el material legendario griego llegará a las literaturas occidentales, convirtiéndose en uno de los pilares de la cultura del occidente europeo.

Los griegos

La sociedad de la antigua Grecia puso énfasis considerable en la literatura. Muchos autores consideran que la tradición literaria occidental comenzó con las creaciones de la época clasica hasta el siglo V a.C. En este periodo destacan los poemas épicos La Ilíada y La Odisea de Homero, que siguen siendo grandes figuras en el canon literario por sus descripciones y el manejo de temáticas como la guerra y paz, honra y deshonra, amor y odio. Entre los poetas posteriores fue notable Safo, que dio forma a poesía lírica como género vertiendo en ella su visión del mundo y su sentimentalidad.
El periodo clásico (hasta el 356 a.C.) viene delimitado por el contexto geográfico de Atenas en donde florece el género teatral. El dramaturgo Esquilo cambió la literatura occidental por siempre al introducir el diálogo y la interacción en el teatro. Su obra cumbre fue la trilogía la Orestíada. Otros talentos dramáticos fueron Sófocles, quien convirtió la ironía en técnica literaria, en su obra Edipo rey, y Eurípides, que utilizó el teatro para desafiar las normas sociales en Medea, Las Bacantes y Troyanas, obra aún notable por desafiar la percepción común de nociones como la propiedad, el género y la guerra. Aristófanes, un comediante, usó esas ideas en un tono menos trágico en sus obras: Lisístrata y Las Ranas, en las que se presenta la vida cotidiana como un espectáculo cómico.
Aristóteles, alumno de Platón, escribió docenas de trabajos en muchas disciplinas científicas, pero su contribución más grande a la literatura era probablemente su Arte Poética, en donde plantea su concepto del drama y establece parámetros para la crítica literaria.

Los romanos

En muchos aspectos, los escritores de la Antigua república romana y el Imperio romano eligieron evitar la innovación en el favor de imitar a los grandes autores griegos; la Eneida de Virgilio emuló en gran medida a las obras homéricas. Él es el responsable de la construcción de la idea de roma al trabajar sobre el material legendario de origen griego y construir un poema épico que ofrece la versión poética del pasado, presente y futuro de Roma.
En el teatro se optó por desarrollar la comedia griega, así Plauto, dramaturgo cómico, siguió los pasos de Aristófanes utilizando la técnica de la contaminación, o la reelaboración que los esquemas y los personajes de la Comedia Nueva griega en las que se introduce un lenguaje obsceno y abundantes referencias romanas con el fin de acercar la obra al público. La intención del autor es provocar la carcajada a partir de un enredo amoroso, que se complica gracias a cambios de identidad o desconocimiento de los orígenes.
En la poesía destaca las Metamorfosis de Ovidio en la que se retoman diversos mitos griegos con el fin de escribir una historia universal de la mitología desde la creación del mundo hasta la muerte de César. El tratamiento del mito está desligado del sentimiento religiosos, por lo que las relaciones de los dioses se han humanizado dotando de verdad a los amores más desmesurados y antinaturales. Si bien es innegable la maestría de los grandes autores romanos, también lo es que fueron muy poco creativos literariamente en comparación con los griegos. Una de las pocas creaciones literarias romanas fue la sátira. Horacio fue el primero en usarla como herramienta para criticar la moral y las costumbres por encima de lo meramente político. Posteriormente escribirá las Odas en las que abandonará los ataques personales y políticos y se decantará por la contemplación de la naturaleza y el canto a los pequeños placeres de la vida.

Esta preservación y desarrollo de la literatura y la cultura griegas por parte de los autores romanos, sentará las bases de la cultura occidental tanto en los géneros como en los temas. La impronta clásica permanecerá como una fuente de saber en la Edad Media y cobrará un auge durante el Renacimiento en el que los humanistas se mirarán en el espejo de los clásicos como fuente de inspiración.