jueves, 22 de marzo de 2012

Madama Bovary

Hay un libro princiapal para comprender el realismo y el avance que va a suponer respecto a la literatura anterior. Si queréis conocer algo acerca del argumento del artículo, podéis leer este artículo del país escrito por Muñoz Molina: http://elpais.com/diario/2011/12/10/babelia/1323479578_850215.html

lunes, 19 de marzo de 2012

7. El realismo

EL NATURALISMO
1. Características
Por Realismo entendemos el movimiento o sistema estético surgido en Francia y luego extendido a otros países europeos como Inglaterra, Rusia o España, y que se caracteriza por asignar como fin a las obras artísticas o literarias la imitación de la naturaleza.

En la segunda mitad del siglo XIX, Europa se caracteriza por un rápido crecimiento demográfico urbano, expansión económica, avance de la industria, intensificación del comercio y notable progreso técnico. Desde el punto de vista social hay una consolidación del poder de la burguesía conservadora, por la necesidad de defender sus nuevos privilegios frente a las crecientes presiones del proletariado. La clase obrera, en efecto, se organiza: en 1864 se constituye la primera Internacional (o Asociación Internacional de Trabajadores).
Esta tensión social explica la aparición de gobiernos autoritarios de inspiración conservadora. Los ejemplos más característicos son los de Napoleón III en Francia y en Prusia.
La burguesía marca con sus intereses y su idea de la vida el ambiente de la época. Con ese ambiente se enfrentarán los escritores (y especialmente, los novelistas) desde los más diversos ángulos: aceptación,   nostalgias de otras épocas, rebeldía combatida.
La corriente filosofía de la época se caracteriza por la reacción contra el idealismo, el interés por los problemas sociales y el desarrollo de las ciencias experimentales. En el primer aspecto destaca el positivismo y la experiencia es el punto de partida del saber. 
Desde el punto de vista de las ideas tenemos el punto Marxista. Y en ciencia destacan las ideas sobre la herencia Mendel y el evolucionismo de Darwin.
Pero el realismo, en la historia literaria, no sólo es una técnica (fundamentalmente de
"relatar"), sino que también es un movimiento literario que llena toda la segunda mitad del siglo XIX y que tuvo su origen en Francia con tres novelistas como Stendhal, Flaubert o Balzac. Un movimiento que, frente a las ensoñaciones románticas, pretende poner los pies en la realidad objetiva, como fruto de una nueva sociedad (la burguesa), de una nueva filosofía (el positivismo) y de la preeminencia de lo científico (Revolución Industrial).
A la segunda tendencia artística de la segunda mitad del siglo se le ha llamado Naturalismo. En filosofía, con este término se designan todos aquellos métodos que tienen como característica común "el considerar la Naturaleza como el único y absoluto principio de lo real".
Pero, desde el punto de vista literario, el naturalismo es un concepto estético que hace de las producciones de la Naturaleza su único objeto de representación. Se produce en un período concreto de la historia literaria (el último tercio del s. XIX, aproximadamente) y se basa en la exageración de los procedimientos del Realismo y en su dependencia del positivismo y del cientifismo que comienza a difundirse por Europa a partir de 1850 como después veremos.
Podemos fijar unos rasgos comunes a todas las novelas realistas. Los escritores se sirven de la observación y documentación para reflejar la realidad/sociedad con el propósito de transformarla. Esto explica que existieran dos tendencias de ideologías encontradas dentro de este movimiento. Por un lado, los conservadores, que se decantan por la vuelta al mundo preindustrial, defendiendo el mundo rural y mostrando la parte amable de la realidad. Por otro lado, encontramos a los liberales, que abogan por la sociedad industrial reinante, pero más justa, y la muestran tal como es.
Desde un punto de vista temático, esta novela gira en torno a la vida burguesa (sus comportamientos, sus inquietudes, sus desazones, sus matrimonios, el dinero,...) o se hace el retrato de los sectores más pobres de la sociedad urbana y del mundo rural, pero sin aportar soluciones ni pautas morales.
Desde el punto de vista formal, el rasgo que define a esta novela es la búsqueda de la verosimilitud, para ello se vale de diferentes recursos, como pueden ser las descripciones muy pormenorizadas; los personajes que evolucionan a lo largo de la obra y aparecen en varias obras del mismo autor. Por este mismo motivo, en la novela realista se unen los hechos históricos con la ficción; los personajes reales con los inventados. También por esta causa la acción transcurre en lugares conocidos, se alude a fechas coincidentes con el momento en que se escribe la obra y se hace que los personajes hablen conforme a su condición social. Otro rasgo formal es la utilización de un narrador, que aun adoptando diferentes formas, suele aparecer como omnisciente (con el papel de cronista). Aparte de la narración tradicional y el estilo indirecto sobresalen el diálogo (caracterización de personajes) y el monólogo interior (subjetividad) y la búsqueda de la naturalidad estilística.


2. El Realismo en Europa
2.1. La novela francesa.
En pleno poderío romántico hubo dos escritores que comenzaron a describir la realidad con una dialéctica distinta, Stendhal y Balzac.
El primero escribe novelas que aún conservan rasgos del romanticismo como el reflejo de sus experiencias o que el amor sea el desencadenante de la acción. Sin embargo, introduce dos rasgos realistas: la importncia de la descripción minuciosa del paisaje y la inserción de personajes en un momento determinado, en una sociedad que funciona como marco y explicación de historias individuales. Sus novelas principales son Rojo y Negro y La Cartuja de Parma. Destaca, sobre todo, por sus magníficas dotes de observación de carácter psicológico.
Honorè de Balzac posee una precisión mucho más objetiva, por lo que inaugura la gran generación de novelistas realistas.Autor de más de 90 novelas que agrupó bajo el título de La comedia humana con la intención de ofrecer un mosaico de la sociedad de sus tiempo. Esta novela está poblada de casi 2000 personajes, que se repiten en unas y otras novelas, y cuyas vidas se entrelazan y se superponen. El carácter de muchos de ellos está dominado por la codicia, el deseo de ascención social y el egoísmo. Balzac observa todo, tanto al individuo como a la sociedad. Cada estrato de la vida común tiene unas características que el novelista observa y describe. Destaca Eugenia Grandet, relato en el que la avaricia de un hombre, Grandet, capaz de traicionar incluso a su hermano, queda compensada por la bondad de su hija Eugenia.
Gustave Flaubert tiene la misma preocupación por someterse al tema, eliminando lo lírico y personal del Romanticismo. Pero en él hay una gran preocupación estilística que no encontramos en Balzac, y que lo lleva a cuidar su expresión. Flaubert consigue el equilibrio entre la narración y la descripción. La acción de sus novelas está llevada con suma habilidad, a pesar de haber tratado temas tan distintos como Salambó, que narra la vuelta de los mercenarios cartagineses después de la primera guerra púnica, y Madame Bovary, que nos explica la desastrosa vida y muerte de una mujer que sueña demasiado. El empeño que el autor puso en esta obra –casi seis años tardó en escribirla‐ nos revela que está llena de secretas intenciones. Emma Bovary es un quijote femenino, aunque en su caso son novelas sentimentales y amorosas, y no de caballerías, las que deforman su imaginación; es una provinciana con la cabeza llena de viento, que ha leído poco y mal, pero lo suficiente para sentirse incomprendida despreciando al burgués de su marido y lanzándose a amoríos. La obra es, en el fondo, una sátira amarga contra los sueños románticos. Y, al igual que Cervantes, Flaubert supo dotar a su personaje de una humanidad tal que la figura del personaje principal nos atrae irresistiblemente y queda muy por encima de la sátira con que el autor ridiculiza los gustos y las costumbres burguesas de la época.
Con el paso del tiempo, las notas realistas se van acentuando hasta llegar a un punto en que es
más importante mostrar que describir. Los hermanos Goncourt hacen que el realismo pesimista de
Flaubert pase a un naturalismo del que Émile Zola será, posteriormente, el representante más
importante. Este autor llevará a la exageración máxima los principios del Naturalismo.


2.2. La novela inglesa.
En la segunda mitad del siglo XIX, como en toda Europa, cambian los ambientes. Es el reinado
de Victoria el periodo de consolidación y progresos políticos. Y, sin duda, el gran novelista de esta época es Charles Dickens, cuya infancia se ve marcada por la prisión que sufre su padre, por lo que tiene que ganarse la vida en una fábrica. Luego fue empleado y periodista, hasta que sus éxitos literarios le procuraron una sólida posición y enorme popularidad. De esta formación nutrió los ingredientes de sus novelas: juventud desamparada, oficios humildes, gentes pobres con quienes convive, barrios marginales…
El realismo de Dickens no es, no obstante, sombrío, sino amable, sonriente y tierno. Sus mejores relatos se refieren a niños o gentes extravagantes o pintorescas. Entre sus obras más destacables citaremos David Copperfield, Cuento de Navidades y Oliver Twist.


2.3. La novela rusa. Tolstoi.
Prácticamente toda la producción novelística rusa del siglo XIX pertenece al realismo, y ofrece cuatro nombres de la literatura universal: Gogol, Turgeniev, Dostoievski y Tolstoi.
Nicolas Gogol se inició en el Romanticismo y publicó una gran novela histórica, Taras Bulba.
Las almas muertas, que describe la terrible realidad campesina aplastada bajo el cielo de la estepa.
De Turgeniev destaca su famosa novela Padres e hijos, que expone el ambiente de lucha de la
sociedad de su tiempo. Con él se inicia, sin duda, la edad de oro de la narrativa rusa. Otras obras suyas son Mumu y Un rey Lear de la estepa, de obvia influencia shakespeareana.
Fedor Dostoievski forma, junto a Tolstoi, la gran pareja de novelistas rusos del realismo. Entre los dos descubren el más importante principio de la psicología moderna: la ambivalencia de los sentimientos. El amor y el odio, la humildad y el orgullo, la miseria y la grandeza están inseparablemente unidos, porque todo impulso, toda excitación engendra su contrario.
La vida de Dostoievski, tras ser condenado a muerte y serle conmutada la pena por su destierro a Siberia, transcurre llena de contrariedades y desengaños, lo que influirá mucho en su concepción de la novela. De esta manera, graba tipos miserables, desgraciados, excéntricos, anormales, siempre
poseídos por extrañas pasiones o enfermedades. Sus novelas son abrumadoras y alucinantes, al mismo tiempo que grandiosas por la fuerza e intensidad de los temas y el profundo análisis psicológico con que retrata a los personajes. Tal es el caso de obras como Crimen y castigo, Humillados y ofendidos o Los hermanos Karamazov.
León Tolstoi, aunque no le va a la zaga, no alcanza su fuerza patética. A pesar de ello, es también uno de los grandes de la literatura universal.
En la obra de este autor se advierten unos temas dominantes, que convierten al escritor ruso en puente entre el Realismo y la literatura del siglo XX:
  • La cuestión social. El escritor muestra un retrato completo de la sociedad de su tiempo. La nobleza aparece como hipócrita y egoísta, pervertida y artificiosa, frente a la clase trabajadora que es depositaria de los verdaderos valores humanos.
  • La cuestión existencial. Muchos de sus personajes son infelices ante sus circunstancias y buscan un sentido que justifique sus vidas, hecho por el que se produce un choque entre los deseos y las normas sociales.
  • La cuestión religiosa. El autor entiende la fe como única vía de escapa a la angustia vital. Pero se le plantean dos problemas: el choque entre religión y poder representado por la Iglesia a la que culpa de muchas injusticias sociales; y en segundo lugar, los interrogantes acerca del ser humano que no puede resolver con su fe.
En Ana Karenina, por ejemplo, hace un estupendo análisis de una contradictoria psicología femenina. Narra la trágica pasión amorosa de Ana, casada sin amor con el ministro Alejo Karenin, que se siente perdidamente atraída del joven oficial Alexis Vronski. Después de una lucha interna, abandona su casa, su esposo, su hijo, para irse a vivir con Vronski. La falsa situación social, la prohibición de ver a su hijo, las continuas reyertas entre los amantes, provocan la ruptura y la desesperación que obliga a Ana a arrojarse en la vía férrea al paso del tren.
Estas obra quedan sin embargo, ensombrecidas por Guerra y paz, un relato de perfil realista construido a partir de las vivencias entrelazadas de varias familias de origen aristocrático. Junto a estos personajes, además, surgen otros menos definidos pero con una gran relevancia histórica, tales como el emperador Napoleón I, el general Kutúzov y Alejandro I, entre otros.
Tolstói ofrece una descripción perfecta de cada uno de ellos y, a través de sus vivencias, deja al descubierto numerosos episodios que se desarrollaron a lo largo de más de cincuenta años de historia rusa, desde las guerras napoleónicas hasta mediados del siglo XIX. La campaña rusa en Prusia, el incendio de Moscú y el accionar del ejército francés en Rusia son sólo algunos de los acontecimientos bélicos y revolucionarios que, en “Guerra y Paz”, se conjugan con las crónicas familiares.
Hacia el final de su carrera escribirá La muerte de Ivan Ilich novela corta que muestra un cambio de mentalidad del autor en el que se plantea el sentido de la organización de la sociedad. La obra gira en torno a Ivan Ilich irá muriendo, y planteándose el porqué de esa muerte y de esa soledad que lo corroe, a pesar de estar rodeado de personas en el mundo aristocrático y que él mismo ha construido.


El Naturalismo.
Este movimiento pretendió llevar hasta sus últimas consecuencias los postulados del Realismo, por lo que intentó retratar la realidad con un método científico, para lo que hizo de la observación y de la experimentación su método de trabajo. La conclusión a la que llegaron sus cultivadores es que el hombre es pura materia y que no tiene libertad de actuación, porque su existencia se halla determinada por la herencia genética (Mendel) y las circunstancias sociales. Todo lo anterior explica que las novelas naturalistas estuvieran protagonizadas por tarados, alcohólicos, psicópatas, seres que obedecían a impulsos primarios; esto es, personajes dominados por su origen biológico o por la sociedad opresiva en la que vivían. Sus bases fueron establecidas por el autor francés Émile Zola, a partir de dos corrientes científicas y filosóficas de la época:
- El Materialismo: considera que todo tiene una explicación física y niega la existencia de un Ser Superior.
    - El Determinismo: entiende que la razón de los problemas sociales están en el ambiente y la de los individuos en la herencia biológica.
    Zola considera que "El novelista está compuesto de un observador y un experimentador". El observador escoge su tema (el alcoholismo, por ejemplo) y emite una hipótesis (el alcoholismo es hereditario o se debe a la influencia del entorno). El método experimental reposa sobre el hecho de que el novelista "interviene de una manera directa para colocar a su personaje dentro de las condiciones" que revelarán el mecanismo de su pasión y verificarán la hipótesis inicial.
Cabe destacar que, si bien Realismo y Naturalismo son muy parecidos en el sentido de reflejar la realidad tal y como es (contrariamente al idealismo romántico), la diferencia radica en que el Realismo es más 
descriptivo y refleja los intereses de una capa social muy definida, la burguesía, mientras que el Naturalismo extiende su descripción a las clases más desfavorecidas, intenta explicar de forma materialista y casi 
mecánica la raíz de los problemas sociales y alcanza a hacer una crítica social profunda; además, si el 
individualismo burgués es siempre libre y optimista en su fe liberal de que es posible el progreso sin 
contrapeso y labrar el propio destino, el naturalismo es pesimista y ateo merced al determinismo, que afirma que es imposible escapar de las condiciones sociales que guían nuestro sendero en la vida sin que podamos hacer nada por impedirlo. 
El autor más representativo del naturalismo francés es Zolá que junto a un pequeño grupo de autores entre
 los que está Guy de Maupassant o los hermanos Goncourt desarrollaron esta nueva teoría que aplicaron a sus obras.
El tema principal de de su obra es la denuncia de la sociedad francesa. En La taberna se narra la vida de 
Gervais una mujer de clase obrera que es abandonada por su marido y lucha por mantener a su familia sin 
poder evitar que todos sus esfuerzos queden diezmados por la degradación que nace del ambiente que los
 rodea. Germinal se desarrolla en Francia, en un pueblo donde la vida gira en torno a las minas de carbón, 
lugar de donde la mayor parte de las familias obtienen sustento de éstas. Esta novela que forma parte de Les Rougon Macquart, serie de novelas en torno a una familia, denuncia la luchas del trabajo frente al capital 
en el contexto de la las luchas obreras de finales del siglo XIX. En ella aparece retratado el obrero que vive en unas condiciones inhumanas y por cuyas venas corre la ira y el rencor que no conseguirá aplacar el 
control del capital que surge como un dios inaccesible que controla la vida de los obreros.
Además del Naturalismo que ofrece una revisión del término realista, otros autores rebatirán la función 
utilitaria que este término adjudica al arte. Surgirá el Parnasianismo francés preocupado por encima de todo por la búsqueda de la perfección formal del texto literario. Algo después, el Simbolismo también se aparta 
del realismo, al considerar la realidad material simplemente como un punto de partida que permite al artista 
llegar a la verdad escondida tras lo aparente.

domingo, 11 de marzo de 2012

6. El movimiento romántico

El movimiento romántico.

El Romanticismo literario es el movimiento que dominó la literatura en Europa desde finales del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX. El término romántico se empleó por primera vez en Inglaterra en el siglo XVII con el significado original de `semejante al romance´, con el fin de denigrar los elementos fantásticos de la novela de caballerías muy en boga en la época.
El Prerromanticismo se extiende desde la mitad del siglo XVIII hasta la aparición de Goethe y la explosión de la Revolución francesa de 1789. Algunos autores de la Ilustración como Rousseau o Diderot comienzan a dar cabida en sus textos a las emociones, la sensibilidad y el análisis de su intimidad como reacción contra el excesivo peso de la razón.
Más radical fue la postura del movimiento alemán Sturm und Drang (“La tormenta y el ímpetu”)1770-1785, que se desarrolla en Alemania alentado por el pensador Herder, Schiller y Goethe para apoyar la libertad creadora y la expresión de los sentimientos.
Tras la obra de Goethe ya puede hablarse de Romanticismo pleno, movimiento que domina la literatura occidental hasta mediados del siglo XIX. Estos escritores se muestran partidarios de la Revolución Francesa de 1789, pero la época de Robespierre siembra el miedo en una parte de los autores, por lo que se producen dos tendencias:
Romanticismo tradicional, que no llega a la rebeldía absoluta y limita la libertad individual por miedo al desorden y al caos. Se incluyen en esta tendencia Walter Scott, en Inglaterra, Chateaubriand en Francia, y el Duque de Rivas y José Zorrila en España.
Romanticismo revolucionario o Romanticismo liberal que reclama los derechos del individuo frente a la sociedad y a las leyes. Sus representantes más destacados son Lord Byron, en Inglaterra, Víctor Hugo, en Francia y José de Espronceda en España.
En la segunda mitad del siglo XIX la literatura europea se orienta hacia la realidad, sin embargo un buen número de escritores continuarán la exploración de los sentimientos humanos y la negación del valor de lo real en lo que se ha llamado el Posromanticismo.

Antecedentes del movimiento romántico (ampliación de la primera parte).

Puede considerarse que el antecedente más inmediato del movimiento del romanticismo en la literatura europea, surge en Alemania y casi simultáneamente en Francia, hacia fines del Siglo XVIII.
A mediados del siglo XVIII, sin que aún existiera una unidad política, la economía alemana había florecido; pero en cierto modo faltaba a la nación alemana un desarrollo cultural en lo literario, con un contenido susceptible de considerarse clásico, como existía en Francia. Pero el florecimiento económico, dio lugar al surgimiento de algunos centros urbanos (Leipzig, Frankfurt), que propiciaron el surgimiento de una corriente cultural de gran contenido nacionalista y con acento en el perfeccionamiento del idioma alemán, al que se procuraba depurar de palabras de origen latino o francés.
Durante el último tercio del siglo XVIII había surgido en Europa una reacción contra el racionalismo, en cierto modo encabezada por Rousseau, con el postulado de su novela Emilio de retornar hacia la Naturaleza. El cuestionamiento del culto de la razón, había sido establecido firmemente en Inglaterra, donde la obra de Shakespeare había despertado el entusiasmo por sustituir ese culto de la razón en la obra literaria y poética, por un fuerte predominio del sentimiento y la individualidad. Claro ejemplo de esta tendencia es C. M. Wieland, (1733-1813), que escribió una epopeya en verso, Oberón, de ambiente medieval legendario, que constituye un claro antecedente del romanticismo.
En 1776, se publicó en Alemania una comedia de que es autor Maximilian Klinger (1752-1831), cuyo nombre en alemán, “Sturm und Drang” terminó asignándose a un movimiento literario surgido entre los años 1770 y 1785, cuyos cultores, siguiendo las ideas de Johann Gottfried Herder (1744-1803), siguieron al escritor alemán J.W. Goethe (1749-1832).
Paralelamente en 1760 el poeta irlandés Macpherson encontró una colección de poemas líricos que suponían el paralelo de la épica homérica y los atribuyeron a Ossian, un poeta irlandés cuyo nombre recogen las leyendas antiguas. En ellos se recreaban un mundo celta antiguo lleno de sentimientos heroicos y apasionados. Estos poemas de origen incierto pudieron ser recogidos por parte de Macpherson a través de la tradición oral y refundidos según el gusto contemporáneo. La defensa de este autor ficticio se convirtió en un acto de rebeldía literaria contra los modelos grecolatinos seguidos por el Neoclasicismo.

Características del romanticismo literario

Esta nueva forma de entender la literatura en los últimos años del siglo XVIII y a principios del XIX cristaliza en una serie de rasgos que configuran lo que se entiende como Romanticismo.
Romanticismo contra Ilustración: el Romanticismo fue un movimiento radicalmente opuesto al de la Ilustración del siglo anterior. Los ilustrados creían firmemente en la fuerza de la razón, cuyas “luces” podían guiar al hombre hacia la verdad y la felicidad. Para el Romanticismo, el ansia de libertad del hombre era una aspiración inalcanzable. El hombre era un ser desgraciado en esta vida, porque la sociedad le impedían realizar los deseos personales y los impulsos del corazón

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La moral romántica. Los héroes de la literatura romántica son hombres rebeldes que aspiran a una absoluta libertad moral. La literatura exalta a los bandidos, piratas, reos, mendigos, prostitutas; seres al margen de la sociedad y de sus leyes ·
“El Romanticismo es el liberalismo en Literatura”: Muchos románticos se rebelaron contra la concepción de que el progreso debía estar liderado por una minoría ilustrada y lucharon por la implantación del liberalismo.

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Subjetivismo: El escritor romántico va a exponer su “yo” la contemplación de los demás sin vergüenza ni pudor. La consecuencia inmediata será un auge incontenible de la poesía lírica mediante la cual se expresan los sentimientos personales.

El panteísmo naturalista. La naturaleza se presenta como un gran organismo viviente, libre y salvaje; incluyendo en ese concepto los componentes espontáneos y hasta instintivos del ser humano, que en último análisis son vistos todos ellos como otras tantas manifestaciones de la voluntad divina.

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Ansia de libertad: el hombre romántico reacciona contra todas las trabas que habían cohibido el espíritu humano hasta entonces: luchan contra la moral tradicional, contra la monarquía absolutista, contra la contención de los sentimientos impuesta por la Ilustración, contra todo lo que signifique norma, traba, esclavitud. Tratan de crear un mundo en el que la libertad sea la única norma.

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Fuga del mundo circundante: La humanidad no les comprende, la patria les destierra, la mujer que había soñado no existe. Decepcionados por la incomprensión, se rebelan contra es sociedad y huyen. Esa huida puede ser realizada de tres modos distintos: · a) A través de los viajes. · b) Construyendo mundos de poesía y ensueño sobre la Edad Media y los países orientales. · c) La huida definitiva: el suicidio.

La valoración de lo misterioso como un componente de los hechos que ocurren con prescindiendo de la lógica racional, los autores frecuentemente acuden a la fuente de las leyendas y supersticiones populares; que además representan un recurso de extracción nacionalista alemana.

Nacionalismo: los románticos exaltan los rasgos típicos, diferenciadores de su país. Se produce una revalorización de la literatura, costumbres y leyendas medievales, de las tradiciones populares y el folclore.

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Descubrimiento del paisaje: el paisaje es un personaje más de la obra. El paisaje será un reflejo del alma turbulenta del escritor: cumbres, selvas, mares tempestuosos, el ambiente nocturno, la luna, los sepulcros, las ruinas acompañarán los distintas estados de ánimo del escritor romántico.

Renovación estilística. Se desarrollaron los recursos narrativos como por ejemplo el cultivo del relato en verso, así como recursos efectistas y la combinación de valares contrapuestos como la alternancia de episodios cómicos y trágicos en el teatro o la variedad de metros incluidos en un poema.


Goethe
Miembro principal del movimiento Sturm und Drag, con el que entró en contacto en Estrasburgo y gracias al que aprendió una nueva forma de enfrentarse a la creación artística. Se trata de un escritor que aún mantiene muchas rasgos de la Ilustración como la búsqueda del bien y la felicidad frente a la lucha contra el orden establecido, la fe en el triunfo de la inteligencia ordenadora sobre el azar y el caos y la defensa de la libertad aplicada al arte y no a la política. Sin embargo, su obra también presenta características románticas como son: la proyección de sus experiencias vitales en las obras, la defensa de la libertad creativa, la ambientación de paisajes oscuros y misteriosos que reflejan los sentimientos de los personajes y la rebeldía y las pasiones desbocadas.
La producción de Goethe pasa por dos etapas diferentes. La primera (1749-1786) se caracteriza por el romanticismo. En ella destaca Las desventuras del joven Werther, que cuenta la pasión amorosa del protagonista hacia Carlota y la imposibilidad de dicho amor que le sume en una infelicidad que termina en suicidio. El romanticismo queda patente en sus temas amor frustrado, que provoca dolor y rebeldía contra las normas morales, en el lenguaje lleno de hipérboles y exclamaciones y en la utilización de experiencias biográficas propias, ya que la frustración que inspira la obra se debe a su fracaso sentimental y la idea de la muerte proviene del suicidio de un colega.
La segunda etapa (desde 1786) se caracteriza por un acercamiento al Clasicismo. En ella destacan Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister (1796), que gira en torno a su evolución personal y Fausto (1808)en la que se desarrolla el tema del pacto con el diablo que aparece en una novela alemana del siglo VI y fue tratado por Marlowe en el siglo XVI. Esta es una obra aparentemente dramática que no fue concebida para ser presentada dadas las variaciones de ambiente, las digresiones, la mezcla de géneros (teatro, poesía filosofía), la alternancia de acciones y la complejidad de la trama.
La primera parte de esta compleja tragedia se articula en torno a dos centros fundamentales; el primero es la historia de cómo Fausto, fatigado de la vida y decepcionado de la ciencia, hace un pacto con el diablo que le devuelve la juventud a cambio de su alma; el segundo es la historia de amor entre Fausto y Gretchen, que Mefistófeles manipula de forma que Fausto llegue al homicidio - mata al hermano de su amada - y Gretchen tenga un embarazo indeseado, que le conduce primero al infanticidio y luego a ser ejecutada por asesinar a su hijo. La segunda parte que se publicó tras la muerte del autor narra el viaje de Fausto y Mefistófeles hasta la Gracia Antigua donde el protagonista se enamora de Helena de Troya. Fausto se vuelca en realizar una serie de reformas políticas con las que antepondrá el bien colectivo al egoísmo individual.
La gestación de la obra se prolongó durante sesenta años, por ello, en él confluyen el entusiasmo romántico del joven Goethe y la serenidad clásica de la madurez. En esencia la obra dramatiza el inútil empeño del hombre por superar las limitaciones que le impone su naturaleza, tanto en la pérdida de la juventud como en la ignorancia de los asuntos de la vida y del universo.


La nueva poesía del Romanticismo

La poesía es el género predilecto para la expresión de las pasiones y los sentimientos. Su importancia es tal que pasa a formar parte de las obras dramáticas y novelescas desdibujándose así la división entre géneros. La gran novedad de los románticos reside en la reflexión y teorización sobre la labor creativa. La belleza existe, pero está escondida y solo los genios pueden percibirla y luchar con el lenguaje para comunicarla. La poesía es un reflejo de los sentimientos y emociones que el artista plasma en la obra sin obedecer a ningún tipo de regla formal.
A lo largo del movimiento romántico se distinguen dos líneas poéticas principales. Una de ellas es intimista y contenida y aborda temas como la nostalgia, la melancolía y el paso del tiempo. En ella destacan autores como Heine, Novalis o Keats. La segunda línea es grandiosa y épica y se caracteriza por largos poemas narrativos en los que aparece el desbordamiento pasional. Los poetas que mejor la representan son Byron, Shelley, Víctor Hugo o Espronceda.


Inglaterra
El Romanticismo inglés arranca en 1798 con las Baladas líricas, compuestas por dos autores: William Wordsworth (1770-1850) y Samuel Coleridge (1772-1834). Las Baladas líricas se dividen en dos partes, cada una de las cuales es una propuesta lírica diferente. La primera, obra de Wordsworth, se inspira en situaciones de la vida cotidiana expresadas con un lenguaje que se asemeja al de uso común. Muestra el rechazo a la herencia del racionalismo(ciencia e industria) porque altera el estado natural con el que dios dotó a las cosas. Coleridge pretende en la segunda parte de las baladas transportar al lector a un mundo dominado por el instinto y la fantasía, características pincipales de su concepción del ser humano. Además de esta obra conjunta, Wordsworth es autor de El preludio, y Coleridge, de La balada del viejo marinero.
El Romanticismo inglés alcanza su máximo esplendor con Lord Byron, Shelley y Keats. Se les conoce como los poetas «satánicos», en alusión a Satán, el rebelde por excelencia, debido a su inadaptación a la sociedad de la época. Los tres coronaron con prematuras muertes, lejos de Inglaterra, sus atormentadas y errantes vidas, ejemplos también de existencias románticas.
Lord Byron (1788-1824) logró una enorme fama en su tiempo, en parte por su escandalosa existencia, en parte por sus extensas obras. Sus primeras composiciones poéticas son plenamente románticas, como Las peregrinaciones de Childe Harold, que narra los viajes del melancólico protagonista por el sur de Europa, o El corsario, leyenda en verso con héroe individualista y rebelde. Su obra maestra es el extenso e incompleto Don Juan, sobre el famoso conquistador. Byron también escribió obras de teatro: la tragedia Manfredo y los dramas Marino Faliero y Los dos Foscari.

Percy Bysshe Shelley (1792-1822), amigo y compañero de viajes de Lord Byron, abandonó a su esposa y a su patria para recorrer Europa y murió ahogado en un naufragio. En su obra plasmó un gran idealismo, matizado por una profunda melancolía. Escribió extensas obras entre dramáticas y poéticas, como Prometeo liberado, en la que expresa su fe en la humanidad, o La reina Mab. Sus poemas líricos, más breves, como la Oda al viento del Oeste, destacan por su musicalidad y abundantes metáforas. También compuso una elegía titulada Adonais, inspirada por la muerte de Keats.

John Keats (1795-1821) escribió largos poemas narrativos, como Endymion, un homenaje a la cultura griega, pero su fama se debe a sus poemas breves, recogidos en los libros Odas, Sonetos y Lamia y otros poemas. En ellos destaca la búsqueda y la expresión de la belleza, y la creación de atmósferas sugestivas mediante ricas imágenes. Keats reflexiona sobre la condición humana, el tiempo y el arte, dando rienda suelta a sus sentimientos.



Alemania
El desarrollo de la poesía alemana pasa por tres momentos asociados con las tres generaciones románticas.
El primero de ellos se sitúa en la primera mitad del siglo XVIII con el movimientos Sturm und Drang y que está caracterizado por una escenografía tormentosa, nocturna y macabra que quiere reflejar el desajuste espiritual que sufren los poetas.
El segundo momento llega de la mano de Holderlin (1770-1843) y Novalis (1772-1801). El primero encuentra el ideal en la naturaleza y en una Grecia antigua que idealiza hasta convertir en un ejemplo de los más altos valores. Compone largas elegías como Hiperión en las que muestra al ser humano abandonado por dios y con la necesidad de enfrentarse a su destino. Novalis crea un largo poema titulado Himnos a la noche en el que se desarrolla el tema de la amada y su deseo de encontrarse con ella. Para él la noche es la muerte atravé sde cuyo misterio es posible reencontrarse con la amada.
El tercero está representado por Heine (1797-1856) cuya obra lírica se caracteriza por la imitación de las formas populares y la sátira política contra Alemania y los supuestos valores germánicos.


Resto de Europa.
Inglaterra y Francia serán dos países que marcarán las líneas del Romanticismo en Europa. En Francia destaca A. de Lamartine que publica en 1820 Divagaciones poéticas en el que desarrolla los temas de la melancolía amorosa y el acercamiento subjetivo al paisaje con un lenguaje literario sencillo.
En Italia destaca la figura de Leopardi que en sus Cantos (1831) se enfrenta a la realidad enalteciendo la Antigüedad frente al mundo moderno en el que solo encuentra soledad que a veces aplaca con el contacto con la naturaleza y la crítica al cristianismo.
En Estados Unidos Edgar A. Poe construye una obra poética cercana al simbolismo. En España José de Espronceda representa la tendencia romántica más exaltada y rebelde, mientras que Rosalía de Castro y Gustavo Adolfo Bécquer ofrecen una lírica intimista que se encamina hacia la lírica moderna.

Conclusión

El romanticismo fue perdiendo su gran impulso, hacia mediados del siglo XIX. Por lo menos en el campo literario, donde surgieron nuevos movimientos, tales como el parnasianismo y el simbolismo en la poesía, o el realismo y el naturalismo en la prosa. Baudelaire o Bécquer parten de ideas románticas para crear una actitud literaria que opta por la proyección del yo y se opone a lo real, lo material y lo establecido.

Sin embargo, aunque no en una forma pura y elevada sino más bien como un concepto general - y a menudo como referencia inapropiada, respecto de ciertos tipos de expresión cultural masificada - sigue siendo un término de referencia para ciertos tipos de estilos y de contenidos, tanto en la literatura como en algunas formas surgidas a partir de las tecnologías del cine y la televisión.

El romanticismo, por lo tanto, aparte de haber sido y seguir siendo un movimiento literario de gran importancia en su ámbito, ha tenido una gran repercusión cultural de mucho más vasto alcance; en cuanto suscita la contraposición entre la emotividad y la racionalidad en muchos otros órdenes de la vida.

martes, 28 de febrero de 2012

5. La época de la razón. La Ilustración.

La época de la Razón. La ilustración.
El pensamiento ilustrado.
En la segunda mitad del siglo XVIII, pese a que más del 70% de los europeos eran analfabetos, la intelectualidad y los grupos sociales más relevantes descubrieron el papel que podría desempeñar la razón, íntimamente unida a las leyes sencillas y naturales, en la transformación y mejora de todos los aspectos de la vida humana.
Para entender correctamente el fenómeno de la Ilustración hay que recurrir a sus fuentes de inspiración fundamentales: la filosofía de Descartes y la revolución científica de Newton. Por ello, la élite de esta época sentía enormes deseos de aprender y de enseñar lo aprendido, siendo fundamental la labor desarrollada por Diderot y Dálambert cuando publicaron la Encyclopédie raisonée des Sciences et des Arts entre 1751 y 1765 una obra de creación colectiva en la que está contenido el espíritu ilustrado.
En ella se aboga por una extraordinaria fe en el progreso y en las posibilidades de los hombres y mujeres, para dominar y transformar el mundo. Los ilustrados exaltaron la capacidad de la razón para descubrir las leyes naturales y la tomaron como guía en sus análisis e investigaciones científicas. Defendían la posesión de una serie de derechos naturales inviolables, así como la libertad frente al abuso de poder del absolutismo y la rigidez de la sociedad estamental del Antiguo Régimen. Criticó la intolerancia en materia de religión, las formas religiosas tradicionales y al Dios castigador de la Biblia, y rechazó toda creencia que no estuviera fundamentada en una concepción naturalista de la religión. Estos planteamientos, relacionados íntimamente con las aspiraciones de la burguesía ascendente, penetraron en otras capas sociales potenciando un ánimo crítico hacia el sistema económico, social y político establecido, que culminó en la Revolución francesa.
Sus principales figuras, pensadores polifacéticos y combativos, no dudaron en recurrir a la literatura para difundir su pensamiento.
Corrientes literarias.
Las ideas reformistas que surgen en el siglo XVII y se amplían a lo largo del siguiente se manifiestan de acuerdo con tres tendencias literarias:
  • Rococó. Pretende continuar el estilo, técnicas y temas que fueron característicos del movimiento barroco durante el Siglo XVII. Literariamente no aporta nada nuevo ni de especial calidad.
  • Neoclasicismo. Movimiento que se caracteriza por aplicar las ideas propias de la Ilustración y por buscar un regreso a los valores clásicos griegos y romanos. Los rasgos que definen esta corriente podemos resumirlos en los que siguen:
    • Vuelta al mundo clásico.
    • Sometimiento a las reglas de creación literaria (principalmente a las de Aristóteles).
    • Entienden que el arte y la literatura deben buscar la utilidad.
    • Eliminación de la obra de arte de los sentimientos desbordados.
    • Imitación de la naturaleza.
  • Prerromanticismo. Corriente que anticipa el Romanticismo del Siglo XIX al dar prioridad a los sentimientos por encima de la razón. Esa prioridad que cobran los sentimientos explica la aparición, entre otros, del terror ("el sueño de la razón produce monstruos"). También es característico de esta corriente la ambientación de las obras en una naturaleza estridente, macabra o desbordada: días de tormenta, noches oscuras y tenebrosas, cementerios, ruinas, etc... Esta ambientación será la típica del movimiento romántico.
Sobre las corrientes artísticas citadas debemos hacer algunas matizaciones:
  • En primer lugar, hemos de saber que el Postbarroco ocupa la práctica totalidad de la primera mitad del Siglo XVIII.
  • En segundo lugar hay que tener en cuenta que en los últimos años del siglo coexisten la corriente neoclásica y la prerromántica. Esta coexistencia no es solo en el tiempo, sino que se da incluso en la obra de algunos escritores, como es el caso de José Cadalso que tiene una parte de su obra que coincide con lo que llamaremos Neoclasicismo (las Cartas marruecas, por ejemplo), y otra parte de la misma a la que podemos llamar prerromántica (las Noches lúgubres).

La prosa ilustrada de ideas.

El género literario más importante de la prosa del siglo XVIII es el ensayo, ya que, como hemos visto, los rasgos que predominan en esta época se desarrollan mejor con la exposición teórica de ideas. Sus principales figuras, pensadores polifacéticos y combativos, no dudaron en recurrir a la literatura para difundir su pensamiento.

Montesquieu (1689-1755) obtuvo un gran éxito con su tratado político Del espíritu de las leyes, donde se defiende la separación de poderes en el Estado. En su novela epistolar Cartas persas traza una dura visión crítica de la sociedad francesa, a través de los ojos de unos viajeros persas que visitan este país.
Voltaire (1694-1778) es el prototipo del pensador ilustrado. Entre ellos destacan El ingenuo y, sobre todo, Cándido o el optimismo, su obra maestra, en la que la bondad natural del protagonista choca continuamente con la sociedad humana.
Denis Diderot (1713-1784), además de dirigir la Enciclopedia, escribió obras de teatro y de teoría teatral, así como varias novelas con una prosa muy inteligente: La religiosa, confesiones de una monja sin vocación, Jacques el fatalista, un diálogo entre Jacques y su amo en el que se entrelazan múltiples historias, y El sobrino de Rameau, cuyo protagonista resume las principales ideas del autor.
Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) es el gran disidente de la Ilustración. Sostiene que la cultura y el progreso son los causantes de los males de la humanidad, ya que considera que el hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que le corrompe. Rousseau exalta el sentimiento por encima de la razón, con lo que anticipa la sensibilidad romántica. Sus ideas políticas, expuestas en El contrato social influyeron mucho en la Revolución Francesa.
Su producción más propiamente literaria se centra en La nueva Eloísa, larga novela epistolar sobre el conflicto entre amor y deber, que obtuvo un enorme éxito; Emilio y De la educación, libro a medio camino entre la novela y el tratado educativo, de enorme influencia en la futura pedagogía. Y Confesiones, la primera autobiografía espiritual desde San Agustín.


La novela. La novela inglesa y francesa.
En este siglo también se produce una dignificación de la novela. Aunque Rabelais y Cervantes habían dotado de realismo a este género los autores posteriores no siguieron esta línea. El ascenso de la burguesía y la aparición de un público femenino aseguran su afianzamiento.
La novela epistolar organizada en torno a un conjunto de cartas que los personajes entrecruzan permiten a la novela exponer diferentes perspectivas sobre un mismo tema. Las obras que adoptan forma de carta, bien sea dirigidas a personas reales, bien a personajes ficticios, se convirtió en un género muy abundante durante el siglo XVIII, ya que servía perfectamente para ejercer la crítica de costumbres, comportamientos e ideas. De entre todos los autores de literatura epistolar hay que destacar Las Cartas Persas de Montesquieu y Pamela de Richardson y Las amistades peligrosas, de Choderlos de Laclos (1741-1803), retrato epistolar del libertinaje de la aristocracia.
La novela autobiográfica es la otra modalidad que destaca en el siglo XVIII. Manon Lescaut, de François Prévost (1697-1763) es ya una obra maestra por su análisis psicológico de una pasión amorosa arrebatadora que arrastra a los protagonistas, un aristócrata y una cortesana.
La novela dieciochesca introduce también una serie de subgéneros que tendrán amplio recorrido en la historia de la literatura:
La novela de aventuras desarrollada en Inglaterra con personajes que provienen de la burguesía y que desarrollan su acción en ambientes inspirados en la realidad del momento. Uno de estos libros es Robinson Crusoe, de Daniel Defoe (1660-1731), que narra las aventuras del náufrago en una isla desierta que ejemplifican el esfuerzo racional del hombre por vencer a la naturaleza. El irlandés Jonathan Swift (1667-1745) fue un mordaz espíritu satírico. Su novela Viajes de Gulliver es a la vez una parodia de la literatura de viajes y una dura crítica, desde un punto de vista ilustrado, de la sociedad humana.
La novela sentimental surge en Inglaterra centrada en una temática amorosa y ambientes burgueses, buscando como público receptor a esta clase social ascendente. Samuel Richardson (1689-1761) da el primer paso con Pamela y La Virtud recompensada, novela sentimental epistolar de final feliz, en la que la protagonista asciende por medio de su virtud. Henry Fielding (1707-1754) parodia la novela de Richardson en Joseph Andrews y Tom Jones en las que sigue el modelo cervantino (trama itinerante, protagonista acompañado, constante ironía). Lawrence Sterne (1713-1768) también demuestra con Tristram Shandy dominar el juego literario metanarrativo utilizando una gran libertad constructiva. Jane Austen (1775-1817) es la novelista que culmina la narrativa de la época. Sus novelas describen, con clara elegancia e ironía, conflictos psicológicos finamente analizados en ambientes burgueses de provincia. Sus obras más destacadas son Sentido y sensibilidad, Orgullo y prejuicio y Emma.
El ambiente de relajación hace surgir en Francia la novela libertina o erótica, de difusión clandestina por su mezcla de erotismo, anticlericalismo e ideas subversivas. Su culminación es el marqués de Sade (1740-1814), encarcelado por la inmoralidad de sus obras, como Justine o las desgracias de la virtud, en la que la protagonista narra unas memorias en las que su virtud, al contrario que la historia de Pamela, la hace víctima de las más terrible aberraciones sexuales.

La poesía

La poesía española durante el siglo XVIII se adapta a diferentes tendencias:

  • Poesía ilustrada. Desde 1770 hasta 1790, aproximadamente, la poesía española del XVIII se llena de los grandes temas que preocupan a los ilustrados: la amistad y la solidaridad, la búsqueda de la felicidad y del bien común, la importancia de la educación, el papel de la mujer en la sociedad y la crítica de las costumbres. La finalidad de la poesía entienden que debe ser didáctica. Esto explica la abundancia de fábulas, género muy útil para conseguir el ideal ilustrado de "enseñar entreteniendo". Un ejemplo de ello es André Chénier (1762-1794), con sus poesías bucólicas e idílicas.
  • Poesía prerromántica. En los últimos años del siglo empiezan a aparecer autores y obras en las que se expresa de un modo directo los sentimientos más íntimos sin someterse a las normas preestablecidas. Los caracteres que la definen pueden ser: la soledad, el fracaso amoroso, la muerte, la ambientación tenebrosa (tumbas, ruinas, noches tormentosas y misteriosas), la abundancia de exclamaciones, apóstrofes. En la poesía aparecen elementos anticipadores del Romanticismo. En Inglaterra, Las noches de Edward Young (1684-1765), introducen el elemento nocturno. A la vez, surge cierta moda medievalista que genera un curioso fraude literario: James Macpherson (1736-1796) publica las Poesías de Ossián, supuestas piezas de un antiguo poeta celta, que durante mucho tiempo se tendrán por auténticas.La figura poética más destacada es William Blake (1757-1827). Sus composiciones, entre lo simbólico y visionario, lo religioso y el realismo, son de difícil clasificación pues anticipan el Romanticismo, pero también el simbolismo de finales del XIX. En Alemania Las primeras obras poéticas de Schiller están repletas de vigoroso deseo de libertad; entre ellas sobresale su himno A la alegría, un canto a la esperanza. Hacia 1770 empieza a difundirse un nuevo estilo literario llamado Sturm und Drang («Tempestad y empuje»). De sensibilidad prerromántica, defiende el sentimiento y la libre fantasía frente a la razón y las reglas clásicas. Su principal teórico es Johann G. Herder (1744-1803), quien al identificar lengua y espíritu nacional, estudia la poesía popular y el folclore.


El teatro

Como sucedía con la poesía, durante toda la primera mitad del siglo las formas teatrales que predominan son herederas del Barroco, tanto en temas como en formas.
En la segunda mitad del siglo aparecerá lo que denominamos teatro neoclásico. Los caracteres que lo definen son los que siguen a continuación:
  • Intención didáctica. Para los ilustrados el teatro constituía el mejor medio de propaganda de sus ideas de reforma de la sociedad.
  • Sometimiento a las reglas. Algunas de las reglas que se aplicaron en la época son:
  • El argumento representado debe respetar la verosimilitud.
  • Guardar el decoro: los personajes deben comportarse, hablar y actuar de acuerdo con su sexo y condición social.
  • Respetar las unidades de lugar, tiempo y acción.
  • No mezclar tragedia y comedia.
  • No presentar escenas violentas, sino narrarlas en escena cuando sea el caso.
  • No situar más de tres personajes en escena a la vez, y no dejarla nunca vacía.
  • Eliminar el personaje del gracioso.
  • Utilizar un lenguaje claro.
Como autores destacan Leandro Fernández de Moratín con La Comedia Nueva en la que se critica el papel de los aduladores de los autores de teatro y la importancia del arte o El sí de la niñas en la que se desmonta la tradición de los matrimonios concertados frente a la prevalencia del sentimientos amoroso.

La Ilustración es un periodo decisivo en la conformación del espíritu individual del ser humano, que trasladado al mundo del arte será un avance en la construcción de la mentalidad individual del artista y en la consecución de una mayor libertad en su construcción. Esto se evidenciará en la mayor complejidad de la novela o en la preeminencia del sentimiento, que marcará el avance hacia el movimiento romántico que se desarrollará en la primera mitad del siglo XIX.

martes, 21 de febrero de 2012

4. Del renacimiento al barroco. El teatro en Inglaterra y en Francia.

Características del teatro isabelino.
El teatro isabelino es un concepto literario -aunque básicamente se aplica al teatro- con el que se hace referencia, principalmente, al conjunto de obras dramáticas escritas y representadas en Inglaterra durante el reinado de Isabel I, que se alargó desde 1558 hasta 1603. Muchos estudiosos, no obstante, alargan este segmento temporal a los reinados de Jacobo I (hasta 1625) e incluso de Carlos I (hasta 1642) dada la manifiesta continuidad de temática y estilo que mostró el teatro inglés durante esas etapas, y que se vio finalmente truncada con la llegada de la Guerra civil y la clausura de los teatros en ese mismo año. En Inglaterra, el siglo XVI trajo el conocimiento y el rechazo del teatro humanista, con la intención de complacer no solo a una minoría de hombres cultos, sino a un amplio público popular.
Antes del florecimiento del teatro nacional inglés se advierten dos tendencias predominantes: una de tipo popular, que trataba asuntos religiosos y morales (morality plays, miracle plays) y otra culta, inspiradas en el teatro latino (Plauto y Terencio) y la comedia humanística del renacimiento que se realizaban en los palacios de los nobles.
La consolidación del teatro nacional del siglo XVI se desarrollará mediante una fusión de lo popular y lo culto atendiendo a una temática basada en asuntos históricos, que desarrollan la grandeza nacional y los hechos dramáticos y cómicos extraídos de la vida cotidiana. Entre los autores más destacados están Thomas Kyd, que escribió La tragedia española, una obra especialmente sangrienta que inspiró enormemente a Shakespeare, en particular, en Hamlet y El rey Lear, y Christopher Marlowe, autor de varias obras extraordinarias como El judío de Malta, Eduardo II, Tamerlán el grande y, sobre todo, La trágica historia del doctor Fausto, basado en una leyenda germánica e iniciador de un personaje, Fausto, capaz de vencer sus limitaciones para lograr un objetivo, aunque para ello tenga que debatirse entre las normas religiosas y la afirmación de su individualidad.
En el teatro isabelino no se respetará la preceptiva aristotélica: las tres unidades (acción, tiempo y lugar) serán quebrantadas por la utilización de varias localizaciones y tiempos; no se evitará la aparición de los desagradable, sino que la crueldad y lo sanguinario serán elementos diferenciadores de este teatro, tomando como ejemplo las tragedias de Séneca y se mezclará lo trágico y lo cómico en una misma obra. En cuanto al estilo se siguió una naturalidad llena de ingenio construida a través de la gracia y la hondura en el juego de palabras y se consagró el verso blanco, que imita bastante fielmente el verso latino senequista, liberando al diálogo dramático de la artificiosidad de la rima, mientras se conserva la regularidad de los cinco pies del verso. Esta agilidad del verso confiere a la poesía la espontaneidad de la conversación y la naturalidad del recitado.
A finales del siglo XVI, las compañías de actores comenzaron a establecerse y a profesionalizarse. Durante el reinado de Isabel I de Inglaterra, se construyeron en Londres los primeros teatros públicos y estables. Aconteció un extraordinario florecimiento de autores y compañías que actuaban tanto ante autoridades como para el público corriente en teatros construidos como The Globe o The Blackaffairs. Mientras que el drama renacentista italiano se desarrollaba como una forma de arte elitista, el teatro isabelino resultaba un gran contenedor que fascinaba a todas las clases, haciendo así de "nivelador" social. Acudir al teatro público era una costumbre muy arraigada en la época. Por esto todos los dramas debían satisfacer gustos diversos: los del soldado que deseaba ver guerra y duelos, la mujer que buscaba amor y sentimiento, la del abogado que se interesaba por la filosofía moral y el derecho, y así con todos. Incluso el lenguaje teatral refleja esta exigencia, enriqueciéndose con registros muy variados y adquiriendo gran flexibilidad de expresión.
Era un teatro que funcionaba por compañías privadas y formadas por actores, que pagaban a los autores para interpretar su obra y a otros actores secundarios. Algunos alquilaban el teatro y otros eran propietarios del mismo. Cada compañía tenía un aristócrata, que era una especie de apoderado moral. Sólo la protección acordada por el grupo de actores con príncipes y reyes -si el actor vestía su librea no podía ser de hecho arrestado - pudo salvar a Shakespeare y a muchos de sus compañeros de las condenas de impiedad lanzadas por la municipalidad puritana, ya que aunque el teatro era un espectáculo que congregaba a gran afluencia de público las autoridades religiosas vigilaban la moralidad de estas representaciones que se celebraban a las afueras de la ciudad.
Los edificios que daban cabida a la representación eran construcciones de forma octogonal o circular, hechos de madera, con un patio central a cielo abierto y galerías circundantes. Tenían aproximadamente 25 metros de diámetro exterior y unos diez de altura. El escenario consistía en un tablado dominado por un balcón o galería a la que dio fama varias escenas de Romeo y Julieta. Además, contaba con un proscenio para los monólogos y los exteriores y el fondo era utilizado para los interiores. Una sencilla tela servía de fondo y el cambio de situación se señalaba con un mero elemento indicador, así una rama equivalía a un bosque y un trono a un palacio. La enorme sencillez del decorado dio al texto una importancia primordial. Además, las posibilidades de los dramaturgos se hicieron infinitas, puesto que no dependían de los cambios de los decorados para situar épocas o lugares diversos. La ausencia de los efectos especiales refinaba la capacidad gestual, mímica y verbal de los actores, que sabían crear con maestría lugares y mundos invisibles.

William Shakespeare. 
Lógicamente, el principal autor y máximo representante del teatro isabelino fue William Shakespeare, si bien no fue el primero de la larga ristra de dramaturgos que brillaron en esta época.
William Shakespeare supo sacarle todo el provecho posible a la influencia dramática anterior (Kyd, Marlowe) y, con ella, llevar el teatro de su época hacia nuevas cotas, recuperando al profundidad y grandiosidad de un teatro clásico que se había perdido en la época medieval. Lo hizo, además, de una forma verdaderamente innovadora, pues rompió para siempre con las unidades clásicas del espacio, el tiempo y la acción. Se inspiró en autores latinos y británicos, hizo uso de la violencia y de la magia, sacó todo el provecho a los nuevos escenarios isabelinos y jugó con sus personajes alterando la tradicional preponderancia del protagonistas durante toda la obra. La construcción de los personajes shakesperianos se hace a base de complejos conflictos secundarios que llenan la obra de intensas sub-tramas más allá del argumento principal. Los personajes, a su vez, aumentan exponencialmente su profundidad psicológica y, a menudo, se dirigen directamente al público expresando sus pensamientos en forma de intensos y profundos monólogos.
En su trayectoria pueden distinguirse cuatro etapas. A la primera de ellas (hasta 1598 aproximadamente) pertenecen una serie de piezas juveniles en las que Shakespeare se ciñó a las modas vigentes, adaptando los temas al gusto del público. En este período practicó diversos géneros, desde la comedia de enredo (La comedia de los errores) hasta la tragedia clásica de influencia senequista (Tito Andrónico), pasando por el drama histórico (El rey Juan, Ricardo III, Enrique IV) en el que se trata la caída y ascensión de personajes relacionados con la corona con el fin de mostrar acontecimientos que arrojen luz sobre los hechos. Otras obras de este momento inicial, como El mercader de Venecia, La fierecilla domada, Romeo y Julieta o El sueño de una noche de verano, marcan el inicio de una fase de mayor creatividad.
En la segunda etapa shakesperiana, que va de 1598 a 1604, se sitúan las piezas que suelen denominarse "obras medias", caracterizadas por un mayor virtuosismo escénico. Entre las comedias sobresalen Las alegres comadres de Windsor y Bien está lo que bien acaba, mientras que los dramas Julio César, Hamlet y Otelo anuncian ya el período siguiente, conocido como el de las grandes tragedias (1604-1608), en las que Shakespeare bucea en los sentimientos más profundos del ser humano: la subversión de los afectos en El rey Lear, la violenta e insensata ambición en Macbeth y la pasión desenfrenada en Antonio y Cleopatra. La fase final (1608-1611) brilla por su última obra maestra, La tempestad, en la que fantasía y realidad se entremezclan ofreciendo un testimonio de sabiduría y aceptación de la muerte.
Las grandes tragedias Macbeth, Otelo, Hamlet y El rey Lear constituyen espejos del mapa entero de la sensibilidad moderna, ya que se edifican en un mundo, el renacentista, en que la presencia divina empieza a menguar. Por primera vez, la duda frente a la identidad, la vejez, la traición, la ambición e incluso la percepción del mal se muestran en su radicalidad humana. Pero eso no explica su calidad única; sucede que esos caracteres y esos conflictos surgen de una capacidad ilimitada para moldear la palabra en todos los planos. No hay fronteras en Shakespeare: bufones y reyes comparten el mismo rango de problemático diseño, de contradictoria y rica existencia social, verbal y moral. Por eso serán Falstaff, el gordo bufón y soldado presente en varias obras, junto con el viejo rey Lear, dos de los puntos extremos del arco de sus caracteres. En términos generales, lo sublime de las obras de Shakespeare es el retrato de unos personajes a los que se llega a definir con precisión matemática, de forma que esa misma ambigüedad colma su carácter de una extraordinaria riqueza de matices. Por medio de la fuerza del lenguaje, los tipos shakesperianos manifiestan las profundidades de su espíritu y se declaran individuos libres, capaces de elegir su propio destino. En este sentido, su obra es tan moderna y está tan abierta a distintas interpretaciones como El Quijote de Cervantes.
La obra teatral de Shakespeare, tiene gran influencia posterior. Hasta el siglo XVIII, Shakespeare fue considerado únicamente como un genio difícil. A pesar de la controvertida identidad de Shakespeare (hay teorías que afirman que sus obras fueron escritas por otro autor), sus obras fueron admiradas ya en su tiempo por Ben Jonson y otros autores, que vieron en él una brillantez destinada a perdurar en el tiempo. Del siglo XIX en adelante, sus obras han recibido el reconocimiento que merecen en el mundo entero. Casi todas sus obras continúan hoy representándose y son fuente de inspiración para numerosos experimentos teatrales, pues comunican un profundo conocimiento de la naturaleza humana, ejemplificado en la perfecta caracterización de sus variadísimos personajes. Su habilidad en el uso del lenguaje poético y de los recursos dramáticos, capaz de crear una unidad estética a partir de una multiplicidad de expresiones y acciones, no tiene par dentro de la literatura universal.
El carácter del teatro cambió con los reyes Estuardo. Con el desarrollo de teatros privados, el drama se orientó más hacia los gustos y valores de la audiencia de clase social superior. En esta época destaca el auge de las mascaradas costosas representaciones en las que destacaba el uso de la música y la danza, del canto y de la interpretación, dentro de elaborada escenografía, en los que el marco arquitectónico y el vestuario podían estar diseñados por un arquitecto renombrado, para representar una alegoría diferente que halagara al patrón. El creciente movimiento puritano era hostil a los teatros, a los que consideraban pecaminosos por varias razones así que finalmente, la defensa en escena de opiniones políticas contrarias a los puritanos hizo que las autoridades clausuraran todos los teatros en 1642, aunque la actividad teatral continuó años después.



El teatro francés en los siglos XVI y XVII

Antecedentes y características.
El teatro francés alcanzó el cenit de modo coincidente con el esplendor político y militar del país, periodo que empezó tras la Paz de los Pirineos, y que abarca los dos últimos tercios del siglo XVII, época que se llamó Le Grand Siecle. A diferencia de Inglaterra y España el desarrollo del teatro nacional fue tardío y menos popular
En este tiempo Francia se distinguió en el panorama europeo por haber sido la nación donde el teatro que arriba describimos como humanista (recreación de la obras clásicas de Plauto, Terencio y séneca) produjo los mejores frutos y porque París fue el encuentro entre dos tradiciones tan importantes como la italiana Commedia dell´arte y la francesa. Ya en el siglo XVI aparecieron poéticas que marcarán los cimientos de la doctrina clasicista, como la Poetique de Scaliger o el Art de la Tragedie de De la Taille en los que marcaba la línea a seguir en la tragedia (tres unidades (lugar, tiempo, acción), separación tragecia comedia, verosimilitud, etc) en los que se proponen reataurar el teatro clásico de la antigüedad.
Las poéticas francesas adelantan lo que en España florecerá en la segunda mitad del siglo XVIII con la Ilustración. En primer lugar el sometimiento a la razón, entendida esta como pensamiento universal, es decir, aquello en que están de acuerdo todos los hombres y resulta, por tanto, sensato y verosímil; lo racional en este caso se opondría en este sentido al capricho al sentimiento personal o lo fantástico, y equivaldría a lo simplemente humano, prescindiendo de excepciones y gustos particulares. También el estilo evitará toda artificiosidad, exageración o exceso, tan comunes en el teatro inglés y español y se limitará a seguir la máxima naturalidad y sencillez de acuerdo con el objeto de estudiar el carácter del hombre, dándole a su obra un valor moral.
La evolución del teatro francés difiere en parte de la evolución inglesa y española, ya que el teatro de tradición medieval francés se había en tiempos de la Reforma en un evento polémico, por lo que Francisco I prohibió las representaciones sacras. Al margen de un teatro popular representado por saltimbanquis y malabaristas en las plazas de los pueblos, la dramaturgia no se desarrolló conforme a los gustos del pueblo, como es el caso de España e Inglaterra, sino que adquirió existencia al lado de la corte. El monarca y sus cortesanos impusieron las tendencias y la elección de acuerdo con sus aficiones y preferencias. Tal circunstancia favoreció el refinamiento del teatro cómico, que se vio obligado a pulir los atrevimientos tomados de la Commedia dell´arte, y el favor y la protección reales, entre los que destacan Luis XIV y el cardenal Richelieu, le permitieron criticar la moralidad de la Iglesia.

La tragedia francesa. Corneille y Racine.
En cuanto a la tragedia, Corneille y Racine, encontraron un enorme apoyo teórico en el mismo Aristóteles, ya que desde la antigüedad estos preceptos quedaron claramente definidos. A las reglas mencionadas añaden el tono elevado en el tratamiento de los asuntos y los personajes de procedencia noble tomados de la Biblia y la historia antigua o medieval.
Pierre Corneille (1606-1684) fue el verdadero creador la tragedia clásica francesa, con una serie de obras que exaltan dos ideas fundamentales: el principio de autoridad y orden, reflejo de la monarquía de Luis XIV y la preeminencia de la voluntad y la razón humanas contra las debilidades de los sentimientos. Estas intenciones le llevan a sustituir el movimiento externo de la acción por los conflictos racionalizados que se producen dentro de los personajes.
Su primera gran obra es El Cid, inspirada en Las mocedades del Cid, del español Guillén de Castro. El Cid fue criticada por la Academia Francesa, ya que no respeta las rígidas reglas que imponía el teatro clasicista: mantener la unidad de tiempo, de espacio y de acción. Tras esta crítica, sus sucesivas tragedias se atendrán al estilo clasicista: Horacio y Cinna son de ambientación romana y tema político; Polieucto es de tema religioso.
Jean Racine (1639-1699) perfecciona el oficio iniciado por Corneille extremando la pureza de las reglas preceptivas. Sin embargo, se aleja del anterior en un punto básico, el de la pureza de la tragedia, ya que desecha todo lo desagradable de la escena y se decanta por la preeminencia de la razón. Esta concepción purista de la tragedia, que aplicó en obras como Ester o Fedra, incide en un contrasentido, puesto que este género, según los modelos de Séneca y Sófocles tiene como base el poder de las pasiones sobre el alma humana, lo que crea una catarsis o purificación sobre el público

La comedia francesa. Moliere.
Moliere (1622-1673), que contó desde sus comienzos por la protección y el favor real, desarrolló una nueva vertiente de la comedia francesa en la que con una intención satírica condensó los rasgos más característicos de la sociedad de su tiempo mostrando su mezquindad y ridiculez.
En la mayoría de las comedias que escribió recrea vicios y defectos encarnados en personajes que han pasado a ser prototipos universales. Conocedor y admirador de la comedia latina de Plauto, dio vida a una serie de personajes y de debilidades humanas a los que pone en ridículo en sus obras: el avaro amante del dinero en El avaro, el nuevo rico en El burgués gentilhombre, la mujer pedante y pretenciosa en Las preciosas ridículas, el médico de lenguaje oscuro en El médico a palos y en El enfermo imaginario, o la religiosidad hipócrita en Tartufo, que fue prohibida por el arzobispo de París por impía, y La escuela de las mujeres, una apología de la tolerancia y la libertad de educación, fue acusada de licenciosa e inmoral.
De entre ella una de las más conocidas es El avaro, una comedia escrita en prosa, inspirada en La olla de Plauto, que gira en torno a un mezquino burgués viudo, enriquecido con la usura y obsesionado con la posibilidad de ver menguada su fortuna. El tema que aquí se satiriza –la avaricia– no es propio o exclusivo de la época y la sociedad del autor, sino un defecto intemporal que, por ese motivo, consigue mantener plenamente su vigencia en cualquier momento histórico. Es importante también la crítica a los matrimonios de conveniencia y al abuso de la autoridad paterna. El protagonista está aquejado de algún vicio o defecto que hace de él un personaje ridículo; el hijo y la hija (o solo uno de ellos) tienen sus respectivos amores y desean casarse, pero el padre les prepara un matrimonio descabellado y contrario a la voluntad de los jóvenes; finalmente, la intervención de otros personajes y la propia voluntad férrea de los muchachos consiguen desbaratar los planes del necio protagonista.
Normalmente, este esquema habitual sufre transformaciones en cada comedia, de manera que cada una resulta original, puesto que dichas transformaciones se llevan a cabo en función del defecto que aqueja al protagonista. Molière consigue la creación de personajes representativos de un carácter. Como la pasión que lo domina se lleva al extremo, ese personaje adquiere el rango de prototipo universal. El rasgo más característico en el estilo de Molière es la impresión de naturalidad en el lenguaje que emplean los personajes. Se trata de un lenguaje lleno de expresividad y viveza, con un acusado tono conversacional. Significativa es también la observación del decoro poético, según el cual cada personaje se expresa según su condición y nivel.
La comedia francesa jamás pudo separarse de sus innovaciones originales de Molière. Los dramaturgos del siglo XVIII Pierre Marivaux y Pierre Beaumarchais estuvieron siempre en deuda con Molière; Marivaux en el uso de un lenguaje sofisticado y Beaumarchais con sus mordaces sátiras, como lo fueron muchos de los escritores del siglo XIX.  Los críticos de la época aun detectan la línea trazada por Molière en la comedia actual, en especial en los autores del teatro del absurdo de los años 50 y en otros movimientos experimentales del teatro contemporáneo.

El mito de Don Juan
Además de los avances técnicos que este dramaturgo proporcionó, destaca la elaboración de algunos mitos de la literatura universal, como es el Don Juan. La leyenda surgió en Europa durante la edad media. En el primer tratamiento literario formal de la historia, El burlador de Sevilla y convidado de piedra (1627) de Tirso de Molina, el promiscuo Don Juan seduce a la hija de don Gonzalo, jefe militar de Sevilla. Después de matar al militar, acude a su sepulcro e invita cínicamente a la estatua funeraria de su víctima a una cena. La estatua recobra vida, asiste al banquete y le devuelve la invitación. De nuevo ante el sepulcro, la estatua atrapa a Don Juan y le arroja al infierno. Hacia el año 1657, la leyenda de Don Juan fue escenificada en Francia por unos actores ambulantes italianos, quienes la representaron en forma de pantomima. Poco después sería dramatizada por Molière, quien estrenó Don Juan o el convidado de piedra en 1665, que toma el personaje de Tirso de Molina y lo convierte en un rebelde frío, analítico y filosófico que se complace de transgredir todas las normas éticas.

La obra es una reflexión sobre el libertinaje y sus excesos en el que el cinismo y la hipocresía del personaje se castigan con la muerte. Ataca fundamentalmente todas las formas de hipocresía, tanto la del devoto Tartufo, como la del libertino y blasfemo Don Juan, capaz de todo para satisfacer sus apetitos. El único defensor de la religión parece ser Sganarelle, el gracioso que acompaña al personaje principal, para quien la religión se parece mucho a la superstición y cuyo papel constituye un punto de humanidad y comicidad a la obra.
Durante el siglo XVIII Goldoni retomó el tema en su Juan Tenorio o el libertino castigado (1734) y el compositor austriaco Mozart compuso con este libreto una de las mejores óperas de todos los tiempos, Don Giovanni (1787).
En el siglo XIX cambió el tratamiento del personaje. Hasta ese momento Don Juan había sido siempre castigado en el infierno por sus pecados, pero a los escritores románticos, como Alexandre Dumas, José Zorrilla o Lord Byron, les fascinó esta figura, atraídos por personajes rebeldes y amantes de la libertad. Byron compuso entre 1819 y 1824 el poema Don Juan en un tono brusco y desenfadado; el escritor francés Prosper Mérimée lo presentó con dos personalidades enfrentadas en Las ánimas del purgatorio (1834), pero es el romántico español José Zorrilla quien realizó la versión más moderna de la leyenda con su obra Don Juan Tenorio (1844), al transformar al personaje fanfarrón e incrédulo en un héroe jactancioso pero de buenos sentimientos que acaba en brazos de su amada (aunque en la otra vida).